Entrar Via

La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno romance Capítulo 159

Jimena se quedó sin palabras.

¿Quién en su sano juicio va a una fiesta de cumpleaños y regala dinero en efectivo?

¿No pudiste molestarte en escoger un regalo de verdad?

Fabricio, como si pudiera leer los pensamientos de Jimena, sonrió apenas, con un gesto travieso en la boca.

—La verdad, sí pensé en comprar un regalo. Pero, por más que buscara, no iba a encontrar algo mejor que lo que Meli preparó. Así que decidí que lo mejor era dar algo diferente. Dinero en efectivo, eso es lo más adecuado.

Originalmente, él había pensado en entregar un cheque.

Pero temía que Jimena lo rechazara, así que mejor optó por llevar billetes.

Jimena dudó.

—Esto…

—Tú acéptalo —intervino Clarisa, lanzándole una mirada cortante a Fabricio—. Siempre hace sus cosas a su manera. Si no lo recibes, seguro va a aventar el dinero aquí mismo en el hotel y se va a largar.

¡Qué envidia me da!

Este desgraciado, para mi cumpleaños me trajo cincuenta millones.

Pero para el de Jimena, le da cien millones.

Menos mal que somos buenas amigas, que si no, ya me habría dado un coraje de esos que te llevan directo al cielo.

—Bueno, entonces lo acepto —Jimena vaciló, pero al final tomó el sobre de dinero.

Ya después buscaría la manera de regresarle el favor.

Fabricio curvó los labios, le lanzó una mirada a Melisa, buscando descaradamente que lo felicitaran.

Melisa ni se dignó a contestarle, ya estaba grande y seguía con sus niñerías.

Mientras Melisa sonreía de oreja a oreja, en el otro extremo del salón, donde estaban sentados los Orozco, el ambiente se sentía tan denso que cualquiera podía cortarlo con un cuchillo.

Todos miraban el regalo en sus manos, con la cara encendida de vergüenza.

¿A quién se le iba a ocurrir entregar esos regalos ahora?

Melisa, desde el inicio, empezó repartiendo varios regalos espectaculares y, lo que ellos traían, parecía una burla.

Gabriel apenas les lanzó una mirada de reojo a los Orozco, tomó su regalo y se acercó a Jimena.

—Abuela, este es mi regalo. No se compara con la joya imperial de mi hermana, pero es un rosario. Espero que Dios te acompañe siempre y tengas salud y tranquilidad.

Ese rosario no valía más de veinte mil pesos.

Gabriel también quería regalarle algo más caro, pero no tenía dinero.

¿A poco no veían lo que traían?

Un supuesto “antiguo” de diez millones.

Un cuadro famoso de veinte millones.

Joyería de treinta millones.

Y hasta una pieza de cincuenta millones…

Todo era una competencia para ver quién gastaba más.

Nadie se tomó la molestia de pensar en lo que ella de verdad quería.

Al principio, cuando Melisa decidió organizarle la fiesta en el Palacio Armonía, todos se quejaron del millón que costaba el evento y no dejaron de ponerle trabas.

¿Y ahora?

Resulta que sí tenían dinero, pero solo para regalos extravagantes que ni sentido tienen.

La pura verdad, le daban dolor de cabeza.

—¿Qué le pasa a mamá? Nuestros regalos, aunque no sean tan impresionantes como los de Melisa, sí valen más que lo de Gabriel, Marcos y Emilio. ¿Por qué a ellos sí les echó flores y a nosotros ni nos quiso mirar? —Natalia tenía la cara desencajada por la rabia.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno