Jimena se sentó y, con el ceño arrugado, preguntó preocupada:
—¿Por qué acabas de decir que Cristóbal debe morir?
Melisa levantó la mirada, encontrándose con los ojos llenos de ansiedad de Jimena. Pasó un momento en silencio antes de responder:
—La persona que te envenenó fue Cristóbal.
Desde siempre, Melisa había pensado que la abuela ya estaba grande y que había cosas que era mejor no decirle. Quería protegerla a su manera, mantenerla lejos del dolor y las intrigas que rodeaban a la familia.
Pero justo en ese instante, sintió que su abuela merecía saber la verdad.
—¿De verdad? —Jimena abrió los ojos al máximo, atónita—. Nunca lo hubiera imaginado… Cristóbal… ¿queriendo matarme?
Ella nunca había tenido una relación cercana con Bruno ni con Cristóbal. Isidora los había tenido siempre a su lado, formándolos y alejándolos de Jimena. Sin embargo, aunque no les tuviera cariño, jamás los había tratado mal.
No lograba entender qué podía haber motivado a Cristóbal a desear su muerte.
—¡Cristóbal merece pagar! —Melisa soltó con sequedad—. Pero ahora mismo está metido en otros asuntos. Alguien más lo está investigando. Yo no puedo moverme contra él todavía.
Melisa alzó la mirada y le habló a Jimena con toda seriedad:
—Abuela, no podré matarlo yo misma para vengarte, pero te aseguro que no le dejaré las cosas fáciles. No tienes que preocuparte por los asuntos de la familia. No importa lo que haga, jamás pondré en riesgo los intereses de la familia Orozco.
Jimena se quedó en silencio largo rato. Finalmente, suspiró.
—Haz lo que tengas que hacer.
Ella había pasado la vida evitando peleas y conflictos, deseando que Melisa pudiera vivir tranquila. Pero a sus setenta años, ya no sabía cuánto tiempo más podría cuidar de su nieta, ni cuánto tiempo más estaría presente para protegerla.
Tal como estaban las cosas, solo podía dejar que Melisa actuara con libertad.
Si Cristóbal había sido capaz de envenenarla, no dudaba que la próxima vez intentaría hacerle daño a Melisa.
Si no eliminaban esa amenaza, la familia Orozco nunca estaría en paz, y Melisa tampoco estaría a salvo.
...
Después, Melisa se quedó un rato platicando con Jimena antes de irse a su cuarto.

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