...
En la otra habitación.
El cuarto de Isidora.
Florencia irrumpió corriendo y empujó la puerta con apuro.
—Mamá, el maestro Rafael acaba de cambiar la hora y el lugar. ¿Será que se arrepintió? ¿Y si ya no quiere aceptarme como su aprendiz?
Isidora se quedó un momento en silencio, sorprendida.
—¿Por qué cambió el tiempo y el lugar? ¿No te explicó nada?
—Solo dijo que le surgió algo y que, por ahora, no vaya a Monarca Nova. Que más adelante vendrá a Real Fortia y ahí hará la ceremonia para recibirme como su aprendiz —contestó Florencia, claramente preocupada—. Pero si viene a Real Fortia, ¿qué tal que Melisa se entera? ¿Y si se mete?
—¡Tranquila! —le respondió Isidora, tratando de calmarla—. Por lo que veo, Melisa todavía no sabe nada. Si lo supiera, seguro haría hasta lo imposible para que el maestro Rafael no te acepte. Ahora solo cambió la hora y el lugar, pero la ceremonia sigue en pie, así que la oportunidad está.
Isidora meditó unos segundos y luego agregó:
—Mira, si el maestro Rafael confirma la fecha, me avisas de inmediato. Yo me encargo de distraer a Melisa. Mientras ella no se le cruce en el camino, no habrá problema.
Florencia asintió.
—Ni modo, no nos queda de otra.
Isidora acarició la cabeza de su hija con ternura.
—Florencia, esta oportunidad es importantísima. No la dejes ir, ¿sí? Pero tampoco descuides la medicina, acuérdate que eso es lo más importante para ti. ¿Olvidaste lo que te dijo el señor Hurtado? Si logras descubrir lo que él busca, te va a abrir todas las puertas.
—No te preocupes, mamá, la medicina es mi prioridad —afirmó Florencia con seguridad—. Ya casi empieza el semestre. Cuando entre a la Universidad Monarca Nova, podré entrar al instituto de investigación y aprender muchísimo más. El medicamento que el señor Hurtado quiere, lo voy a sacar adelante, te lo prometo.
Al oírla, Isidora se sintió aliviada.
—Me alegra saber que tienes claro lo que quieres.
—Pero ahora lo más urgente es la fiesta de reconocimiento de Melisa —dijo Florencia, con rabia contenida—. Yo quería organizarle un fiestón para que todos vieran de lo que soy capaz. Pero después de cómo organizó la fiesta de cumpleaños de la abuela, lo que haga yo ya no se va a ver tan impresionante.
Isidora suspiró.
—Eso te pasa por haber aceptado frente a tu abuela organizarle la fiesta a Melisa. Ahora te toca aguantar vara.

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