—Pe...—
Nicolás, por puro reflejo, estuvo a punto de decir que se veía guapa, pero al cruzar la mirada con Elena y ver esos ojos que podían devorar vivo a cualquiera, tragó las palabras antes de que salieran de su boca.
Se aclaró la garganta y, con un tono severo, soltó:
—¿Acaso dijo algo incorrecto? Esta es mi casa, ¿desde cuándo tú decides qué se pide de comer? Aquí, los anfitriones deciden y tú comes lo que haya, así son las reglas para cualquier invitado. ¿O ya se te olvidó lo que te enseñó mamá?
—¿Invitada?— Elena lo miró, incrédula, con la voz cortada por la sorpresa—. Hermano, ¿ahora resulta que ya ni soy parte de tu familia? ¿Solo soy una invitada para ti?
—¿Que no eres invitada? ¿Entonces qué, mi abuelita?— lanzó Nicolás sin mostrar ni una emoción en el rostro—. Si no aprendes a comportarte, ni siquiera como invitada vas a quedarte. Elena, lo nuestro, lo que había entre nosotros, se acabó hace años. No te aproveches de la sangre para venir a mi casa a hacer lo que quieras ni para maltratar a mi hija. Mientras yo siga respirando, aquí mando yo, no tú, así que deja de querer regañarla.
—Yo...—
Elena intentó defenderse, pero Nicolás la interrumpió, gritando con voz atronadora:
—¡Lárgate! Y si te atreves a armar otro berrinche, te largas de inmediato.
Elena, con el coraje creciendo dentro, alcanzó a notar la expresión de Nicolás, cargada de molestia. No le quedó de otra que aguantarse el coraje por dentro.
Perfecto.
Ustedes se portan así, pues no me pidan que yo sea la más noble...
...
Mientras tanto.
Melisa, apenas salió de la casa de los Orozco, se dirigió directo al club nocturno.
A esa hora, el lugar estaba vacío, ni una sola alma de cliente.
Cuando Melisa entró, Everardo estaba dándoles instrucciones a las chicas.
—¿Todas tienen el polvo que les di? Si se pone fea la cosa, no duden en usarlo para protegerse. Su vida es lo más importante.
—A partir de hoy, nadie sale con clientes. Si ven algo raro en algún cliente, me avisan de inmediato.
—Voy a traer gente para que aprendan defensa personal. Quiero que todas se apliquen, el que se haga el flojo, se va. No quiero a nadie que no se cuide.
—Grábenlo bien: lo más importante siempre es su seguridad. Si no pueden con alguien, corran. No quiero volver a escuchar que una de nuestras compañeras desapareció, ¿les quedó claro?
Al terminar, todas las chicas del club respondieron al unísono:

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