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La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno romance Capítulo 188

La condición del señor Hugo era más complicada de lo que cualquiera había imaginado.

Necesitaban realizarle dos cirugías al mismo tiempo.

Durante la operación, existía el riesgo de todo tipo de reacciones, lo que podía provocar un desastre y hacer que la cirugía fracasara.

Melisa, con nervios de acero, primero utilizó sus Puntadas de la Santa Muerte para estabilizar a don Hugo y luego se dispuso a operar.

Las luces del quirófano permanecían encendidas sin cesar.

Afuera, Simón caminaba de un lado a otro sin poder quedarse quieto, mientras el resto de la familia Ávila se secaba el sudor de la frente. Nadie sabía si sudaban por los nervios o por el miedo.

Aunque Simón ya les había explicado que quien estaba operando a su papá era nada menos que Salvador Verde, todos seguían sin creérselo. ¿Cómo podía esa leyenda, Salvador Verde, ser en realidad una joven de no más de veinte años?

El temor a una catástrofe los tenía al borde.

—Hermano, ¿de verdad estás seguro de que esa Melisa es Salvador Verde? —preguntó Orlando, con el ceño fruncido—. La veo y parece que apenas va a la universidad. A esa edad, por mucho que sepa de medicina, no puede ser tan buena, ¿o sí?

Luciano no tardó en apoyar a Orlando.

—No será que te equivocaste de persona, hermano. ¿Por qué no le preguntas de nuevo a don Fernando para asegurarte?

Paloma, la esposa de Simón, se sumó a la preocupación.

—Orlando y Luciano tienen razón, mejor confirma de nuevo. Ya llevamos veinte horas de cirugía, esto es una locura.

Simón, cada vez más inquieto, contestó con fastidio.

—Melisa vino acompañada de Leandro, que es alumno de don Fernando. ¿Ustedes creen que yo me puedo equivocar, pero él también? Además, ¿de qué sirve confirmar ahora? La cirugía ya lleva veinte horas; si algo sale mal, ya no hay vuelta atrás.

En el fondo, Simón se sentía atrapado; debió haberlo comprobado antes. Melisa era demasiado joven para inspirar confianza ciega, por más que su porte llamara la atención. Pero ahora, con la cirugía tan avanzada, no le quedaba más que esperar, como si estuviera parado sobre brasas.

La familia Ávila guardó silencio, resignada.

¿Qué otra opción tenían?

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