Melisa desvió la mirada —¿La próxima vez? ¿Cuánto piensas quedarte?
—Ya veré, igual y ni ganas me dan de regresar. Allá solo me aburro —maestra Carolina se recargó en el respaldo de la silla, con el ánimo por los suelos.
Melisa notó el mal humor de la maestra Carolina, así que bajó la vista, tranquila —¿Otra vez te peleaste?
—¿Pelea? —Carolina soltó una risa desdeñosa—. Si solo yo soy la que los pone en su lugar. Si quieren desafiarme, que primero practiquen unos años más.
Melisa sonrió de medio lado —Con que puedas ganarles está bien, y si un día no puedes, aquí estoy yo para respaldarte.
—Sabía que Meli es la única que me entiende —Carolina se aferró al brazo de Melisa y se restregó contra ella como una niña consentida.
Melisa le devolvió la sonrisa, con una mirada llena de cariño.
El verdadero nombre de la maestra Carolina era Carolina Rojas.
Era la hija mayor de la familia Rojas, del Corte de Las Estrellas.
En realidad, ellas dos no tenían nada que ver originalmente. Pero la vida, tan extraña como es, las había vuelto inseparables después de una pelea años atrás.
Todo empezó cuando, en el Corte de Las Estrellas, una muchacha que trabajaba en el club nocturno fue maltratada por alguien.
Carolina la defendió. Cuando Melisa llegó, ya no quedaba rastro del agresor; lo único que vio fue a Carolina tirando un fajo de billetes sobre la chica, diciéndole fastidiada que fuera a cambiarse de ropa, pues le parecía de mala suerte.
Melisa, al ver la escena, pensó que Carolina solo quería armar problemas y la terminó golpeando.
Carolina no pudo defenderse, terminó sentada en el suelo, llorando a moco tendido.
—¡Encima que ayudo, todavía me pegan! —gritaba, con una rabia infantil y una tristeza que conmovía.
A Melisa le dio pena y para disculparse la invitó a tomar unas cervezas.
Así, de la nada, dos personas que no tenían nada en común terminaron volviéndose buenas amigas.
Carolina sí que tenía un carácter peculiar: cuando alguien le caía bien, no se despegaba jamás. Así que, de los doce meses del año, se la pasaba al menos ocho en Real Fortia, compartiendo la vida con Melisa y Giselle.
...
Melisa condujo el carro hasta la casa que Carolina tenía en Real Fortia.
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno