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La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno romance Capítulo 27

Melisa se limpió el oído con el dedo y lanzó una mirada burlona.

—¿Y tus reglas, doctora Isidora?

—¡Tú! —Isidora cambió de color, su cara pasaba de verde a morado, como si tuviera una tormenta atorada en la garganta, incapaz de dejarla salir o tragarla.

Jimena y Gabriel estaban disfrutando cada segundo de la escena.

¡Eso, justo así!

A Isidora, solo Melisa podía ponerle un alto.

La expresión de Isidora cambiaba tanto que parecía una paleta de colores.

Pero más allá del gusto por verla recibir su merecido, Jimena sentía lástima por Melisa.

Jamás se habría imaginado que su nieta, a quien cuidaba como a un tesoro, había pasado por tanto sufrimiento, al grado de tener que buscar comida en la basura para sobrevivir.

Si no hubiera sido por Giselle, ¿Melisa seguiría viva hoy?

Ese pensamiento hizo que Jimena sintiera aún más gratitud hacia Giselle. Tenía que buscar la manera de agradecerle como se debía.

—Melisa, no deberías tenerle tanto rencor a tu madre. Todos estos años, lejos de ti, solo ha sido que no sabe cómo acercarse a ti… —Florencia intentó mediar, tratando de sonar razonable.

Pero Melisa giró la cabeza de golpe.

—¿Y tú ahora quieres educarme?

—Yo… —Florencia se quedó con las palabras atoradas en la garganta, sin poder decir nada más.

Todavía recordaba aquella vez en que Bruno intentó corregir a Melisa y terminó retorciéndose en el suelo tras recibirle una patada tan fuerte que hasta escupió sangre. Melisa parecía estar un poco loca. Si seguía hablando, seguro acababa igual que Bruno.

Florencia decidió mejor callarse.

Bruno, que apenas podía mover el brazo vendado, quiso decir algo, pero al sentir la mirada ligera de Melisa sobre él, bajó la cabeza y se enfocó en terminar su comida. Sus heridas seguían frescas. No quería sumar más lesiones a la cuenta.

Bruno, después de tantos años de esfuerzo, apenas había logrado llegar a jefe de departamento. Quería intentarlo de nuevo, pero Nicolás ya no estaba dispuesto a darle otra oportunidad.

—¿MO? —Melisa se recargó en la silla, mostrándose interesada.

Jimena la miró de reojo.

—Melisa, ¿te gustaría intentarlo?

—¿Ella? —Isidora soltó una carcajada despectiva—. Mamá, ¿no será que ya te afectó la edad? Melisa fue criada por una amiga de la noche, ni siquiera terminó la prepa. ¿Crees que puede armar un proyecto de diez mil millones? La familia Orozco ha entregado más de diez propuestas y todas fueron rechazadas. ¿Quieres que lleve una más que seguro terminará en la basura? ¿Quieres acabar con el futuro de la familia de una vez por todas?

En ese momento, el rostro de Jimena se endureció.

Florencia, al notar el cambio en la expresión de su abuela, se apresuró a intervenir.

—Abuela, sé que quieres mucho a Melisa, pero esto no es un juego. Se trata del destino de la empresa, no podemos arriesgarnos a fallar. Mejor esperemos a la siguiente oportunidad, con un proyecto más pequeño, y entonces sí que lo intente.

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