La expresión de Jimena se tornó sombría de inmediato, y de su presencia emanaba una autoridad natural, imponente, que ni siquiera necesitaba levantar la voz.
—¿Ahora resulta que tú eres la que manda en la familia Orozco? ¿Desde cuándo tengo que consultarte todo lo que decido? —su tono no daba lugar a dudas.
Isidora se quedó helada. Percibió al instante que su madre estaba de verdad molesta. Bajó la voz, tratando de calmar las aguas.
—Mamá, no es eso lo que quise decir, yo solo...
Antes de que pudiera completar la frase, Jimena la interrumpió con voz dura.
—Solo porque eres la mamá de Melisa he tenido paciencia contigo, pero no pienses que eso te da derecho a hacer lo que se te antoje. Todavía estoy viva, Isidora. Si quieres mandar en esta casa, espera a que me muera.
El corazón de Isidora se encogió. En ese momento, atrapó la mirada cortante de Nicolás, que la observaba sin un ápice de emoción. Apurada, intentó justificarse.
—Yo no quiero ser la jefa de la familia Orozco, solo que esta celebración de bienvenida...
Jimena ni siquiera la dejó terminar.
—La celebración de bienvenida se va a hacer. El que no esté de acuerdo, que se largue de la familia Orozco. Quiero que todos sepan que a Melisa sí hay quien la quiera.
Isidora se quedó sin palabras.
[¡¿Pero qué le dio Melisa a la abuela?!]
[¿Por qué la protege así?]
[¿Esta anciana de verdad está perdiendo la cabeza? Florencia siempre fue buena con ella, y aunque no sea de sangre, después de tantos años juntas algo de cariño debería haber, ¿no? Pero la señora ni se acuerda de todo lo que Florencia hizo por ella.]
Melisa levantó la mirada hacia Jimena. Ya se notaban algunas canas entre su cabello recogido. Aunque la edad la había alcanzado y ya no podía controlar a todos en casa como antes, seguía esforzándose al máximo para cuidarla, igual que cuando era niña.
Sintió un nudo en la garganta y sus ojos se llenaron de lágrimas contenidas, mientras bajaba la mirada.
Enfrente, Florencia apretaba los puños con tanta fuerza que sus uñas se clavaban en la piel, pero ni así sentía dolor. Toda ella era solo rabia.
Odiaba a Jimena, odiaba a Melisa.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno