Florencia bajó la cabeza, su voz temblaba y los ojos se le llenaron de lágrimas.
—Ella es mi hermana. Cuando éramos bebés nos cambiaron por error y apenas hace poco la familia nos encontró. Tal vez por eso siente que le robé su lugar, por eso desde que volvió a casa todo le molesta y hoy, quién sabe por qué, de repente me aventó una botella de cerveza.
Mientras hablaba, Florencia rompió en llanto de nuevo.
—Ya no sabía qué hacer, por eso te marqué.
En realidad, había aprovechado un descuido de Melisa para llamar de prisa a Joaquín. Entre todas las chicas no podían contra Melisa, pero Joaquín nunca salía sin su montón de guardaespaldas. Además, tenía conexiones en el bajo mundo, podía reunir a treinta tipos en un segundo.
No por nada, los que llegaron ahora eran alrededor de treinta.
Quería ver cómo le haría Melisa para salir de esta.
—¡Te estás buscando la muerte! —espetó Joaquín con tono furioso. Todo el mundo sabía que él estaba loco por Florencia. Hace poco, cuando ella casi se comprometió con Fabricio de la familia Pacheco, Joaquín se la pasó hecho polvo durante semanas. Nadie supo por qué la boda se canceló de repente, y desde la fiesta de compromiso, Florencia ni lo había buscado.
Pero hoy, después de tanto tiempo, Florencia por fin lo contactó. Obvio que Joaquín quería lucirse ante ella y quedar como su héroe.
Pensando en todo eso, levantó la voz, intimidante:
—¡A ver, muchachos, agárrenla! El que se mete con los míos aprende lo que es pasarse de listo.
...
Gabriel, que miraba la escena desde lejos y notó lo mal que se ponía todo, se levantó de golpe y corrió hacia Melisa. Su voz retumbó antes de que pudiera llegar:
—¡Florencia! ¡Atrévete a tocar a Melisa y verás lo que pasa!
En cuanto lo vio, Florencia se puso pálida, como si hubiera visto un fantasma.
—Ga... Gabriel...
¿Qué hacía Gabriel aquí? ¿Cuánto tiempo llevaba viéndolos? ¿Había visto todo lo que pasó? ¿La había visto juntarse con esas chicas problemáticas? ¿La había visto fumar y tomar?
Por un instante, Florencia sintió que la cabeza le explotaba y todo se venía abajo.
Gabriel, con la expresión impasible, se paró frente a Melisa y la protegió, cubriéndola con su cuerpo. Sus ojos, duros como el acero, se clavaron en Florencia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno