Apenas Joaquín terminó de hablar, los tipos que traía con él se lanzaron de lleno contra Gabriel y los demás.
El semblante de Gabriel cambió al instante; agarró una silla y empezó a defenderse sin dudarlo.
Ramiro se puso en medio para proteger a Melisa, mientras los otros dos se unieron a la pelea de inmediato, respaldando a Gabriel.
Florencia miraba la escena, viendo a Melisa y su grupo en ese estado tan caótico. Toda la rabia que había acumulado en las últimas semanas explotó de golpe, como si por fin pudiera sacar todo lo que traía guardado.
...
No muy lejos, en la barra del club nocturno, había más de una docena de guardias de seguridad rodeando a un hombre vestido completamente de negro.
—Sr. Everardo, ¿de verdad vamos a quedarnos de brazos cruzados? Aquí nunca hemos permitido broncas entre los clientes —le preguntó uno de los guardias, con el ceño fruncido.
El tal Sr. Everardo, sin perder la calma, le pidió una copa al bartender, se recargó con flojera en la barra y le dio un buen trago antes de responder:
—¿Meterme? ¿Para qué? El jefe está allá. ¿Tú crees que necesita que tú le ayudes?
—¿El jefe? —el guardia abrió los ojos, desconcertado—. ¿Dónde está?
Sr. Everardo clavó la mirada en Melisa, que desde lejos intentaba arreglar el problema mientras alguien la protegía como si fuera oro puro. Soltó una carcajada y dejó la copa sobre la barra.
—Solo revisen bien los daños. Cuando esto termine, le mandan la cuenta a la familia Valdés.
El guardia no entendía nada, pero si el jefe lo decía, ni modo de contradecirlo. Así que se puso a hacer lo que le ordenaron sin chistar.
...
Del otro lado, Melisa tenía la expresión tan seria que daba miedo. Gabriel ya tenía varios golpes encima, pero Ramiro no la soltaba ni por un segundo, decidido a no dejar que se metiera en la pelea.
En ese momento, un tipo con un tubo de acero se lanzó contra Gabriel por la espalda.
Melisa, de un solo movimiento, apartó a Ramiro de una patada y, con una velocidad que a nadie le pareció humana, voló hacia el tipo y lo tumbó de un patadón.
Antes de que alguien pudiera entender lo que pasaba, Melisa ya se había lanzado sobre el resto como una flecha desatada.
Lo que sucedió después dejó a todos boquiabiertos.
En apenas dos minutos, todos los matones de Joaquín estaban regados por el piso.
Uno tras otro, acabaron con el brazo inutilizado, retorciéndose y gritando de dolor.
Gabriel y sus amigos se quedaron con la boca abierta, como si acabaran de ver un fantasma.
Florencia y Pilar estaban tan impactadas que parecía que el alma se les había salido del cuerpo; pasaron varios segundos sin poder moverse.

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