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La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno romance Capítulo 73

Real Fortia.

Club nocturno.

Melisa colgó la llamada de Ismael y, acto seguido, abrió la mano. En su palma, una hebra de cabello relucía bajo las luces mortecinas.

Se la entregó a Everardo.

—Lleva esto para una prueba de ADN.

No aclaró para quién era el análisis, pero Everardo, tras tantos años siguiendo a Melisa, lo entendía todo. Sabía perfectamente cómo era ella… y también conocía su historia con Giselle.

De hecho, habiendo presenciado toda la escena, era imposible no notar lo parecidas que eran Pilar y Giselle, casi como dos gotas de agua.

No tenía ni idea de la relación entre Pilar y Giselle, pero si Melisa pedía una prueba de paternidad, no cabía duda de que había sangre de por medio.

Everardo recibió el cabello de Pilar con expresión grave.

—Yo mismo me encargaré de supervisar todo.

El espectáculo en el escenario seguía, pero después del escándalo que habían armado Joaquín y los demás, todos los clientes se largaron del club. Solo quedaban Melisa y su grupo, rodeados por el eco de la música y el vacío de los asientos.

Melisa alzó su copa y se giró hacia Gabriel.

—Gabriel, feliz cumpleaños.

Aunque la fiesta había sido un completo desastre, aun así, quería felicitarlo.

Gabriel echó un vistazo a Fabricio, luego a Carolina, finalmente dejó que su mirada recorriera el desastre que era ahora el club. Lo que más quería decir en ese momento era: "Este cumpleaños sí que estuvo de locos".

En cuanto Melisa levantó la copa, Fabricio y Carolina hicieron lo mismo, acercándose sin timidez para brindar con Gabriel.

Después, Carolina sacó una tarjeta y se la entregó.

—Esta tarjeta me la encargó Meli; tiene veinte millones.

Hizo una pausa, luego sacó otra tarjeta.

—Y esta es mi regalo personal. Puedes ir a cualquier centro comercial y elegir toda la ropa de mi marca que quieras, sin límite. Si prefieres, también puedo diseñarte un traje a la medida, pero eso sí, va a tomar un poco. Si tienes paciencia, te lo hago especial.

La verdad, ella solo había salido a divertirse, no tenía planes de diseñar nada en ese viaje.

Gabriel miró las dos tarjetas en su mano y tragó saliva como si estuviera viendo un tesoro. Apenas iba a abrir la boca cuando Fabricio sacó otra tarjeta y se la extendió.

—Gabriel, este es mi regalo: cincuenta millones.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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