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La Verdadera Heredera que Regresó del Infierno romance Capítulo 81

Al día siguiente.

Melisa fue despertada por el escándalo que venía de la planta baja.

Bajó las escaleras con el ceño arrugado, claramente fastidiada.

Abajo, toda la familia Orozco miraba a Uriel, que estaba de rodillas frente a ellos, hecho un desastre y sin pizca de dignidad. Por un momento, todos dudaron de lo que veían.

La familia Valdés tenía una posición aún más alta que los Orozco en Real Fortia. ¿Cuánta gente soñaba con asociarse con los Valdés?

Incluso los Orozco alguna vez le rogaron a la familia Valdés por proyectos.

Pero entre los abuelos de ambas familias hubo un pleito tan fuerte que casi se destruyen mutuamente. No fue sino hasta que ambos ancianos murieron que la relación se calmó un poco.

Aun así, la familia Valdés jamás permitió que los Orozco se hicieran cargo de sus proyectos.

El futuro de los Orozco no pintaba nada bien. Para conseguir un solo proyecto, Uriel pidió favores, suplicó, habló maravillas de ellos… y los Valdés ni lo pelaron.

Siempre fue así: los Orozco persiguiendo a los Valdés.

¿Quién iba a imaginar que hoy las cosas se revertirían y que serían los Valdés quienes rogaran a los Orozco?

A pesar de la sorpresa general, no podían ocultar lo mucho que lo estaban disfrutando.

Se sentía como si al fin alguien le hubiera dado una lección a Uriel.

—Sra. Jimena, todo esto es culpa de mi hijo inútil, que no sabe hacer nada bien. Ayer ofendió a su nieta, pero usted es muy noble y sabe perdonar, se lo ruego, ayúdeme a suplicar. La familia Valdés la fundó mi padre con mucho esfuerzo. Si la echo a perder en mis manos, ¿cómo voy a mirarlo a la cara cuando me toque partir de este mundo?

—Me equivoqué, Sra. Jimena. Le pido disculpas. Si Melisa puede perdonar a la familia Valdés, estoy dispuesto a hacer lo que sea.

Joaquín seguía de rodillas, golpeando la frente contra el suelo una y otra vez.

Jimena tardó un buen rato en reaccionar y, ya repuesta, preguntó con voz temblorosa:

—¿Qué fue lo que pasó?

Ella solo sabía que ayer Florencia le pidió a Joaquín que molestara a Melisa, pero que después Fabricio salió a defenderla.

No preguntó más detalles, pero imaginó que como mucho, Fabricio le habría dado una paliza. ¿Cómo era posible que ahora la familia Valdés estuviera a punto de ser destruida?

Apenas terminó de hablar, una voz dura y cortante se escuchó detrás de él:

—¿A poco lo que mi Meli quiere necesita que la familia Valdés, que ya tiene un pie en la tumba, se lo dé?

Fabricio entró con paso firme, sus largas piernas lo llevaron directo hasta Melisa. Sus ojos, oscuros y amenazantes, se clavaron en Uriel.

—La verdad es que subestimé a la familia Valdés. Ni una noche les bastó para quebrar. ¿Eso es todo lo que pueden soportar?

Melisa miró de reojo a Fabricio, sorprendida. No cualquiera podía sobrevivir a un ataque de Fabricio por más de una noche.

Parecía que los Valdés sí tenían algo especial.

Uriel, al escuchar esas palabras, se puso pálido como un fantasma.

Aquel que le prometió ayudar solo había dicho que llamaría a Melisa, pero Uriel no sabía si ella podría influir en Fabricio.

El problema era que Fabricio era conocido por no andarse con rodeos y tomar decisiones sin dudar.

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