Así que, el mayor valor de esta Esmeralda del Infinito apenas llega a quince millones de pesos.
Comparada con la suya, ni de lejos se le acerca.
Ni Ricardo esperaba encontrarse con una Esmeralda del Infinito en esa piedra; hasta él mismo se quedó sorprendido.
Con todos sus años de experiencia apostando en piedras preciosas, solo pensó que ahí saldría algo verde, pero nada de alta calidad. Jamás imaginó que la piedra le daría semejante sorpresa.
Solo esa Esmeralda del Infinito ya valía quince millones de pesos en el mercado.
Melisa, que ni siquiera sabía nada de apuestas en piedras, ¿cómo podría ganarle?
Pensando en esto, Ricardo soltó una carcajada.
—Ya ni hace falta seguir, ¿no crees? Melisa, con lo que vale mi piedra, ya te dejé muy atrás. No importa lo que encuentres, jamás vas a ganarme. Mejor acéptalo de una vez, y ve preparando ese bailecito sin ropa que me prometiste.
Melisa estaba recargada en la silla, con los brazos cruzados.
—¿Basura con un valor máximo de quince millones y todavía ladras? ¿No te da pena?
—¡Tú…!
A Ricardo se le endureció la mirada, pero antes de que pudiera contestar, Josefa Guevara lo apartó de un tirón y le gritó a Melisa, llena de rabia.
—Ya me tienes harta, Melisa. ¿Qué te crees? Te crio una cualquiera de un club nocturno y la familia Orozco nada más te recogió para darte techo unos días, ¿ya te sientes de la alta sociedad? Si no fuera por Bruno, ¿tú crees que podrías apostar piedras con mi hermano? ¡La piedra que acaba de abrir Ricardo vale quince millones! ¿Tienes idea de cuántos hombres tendrías que complacer para juntar esa cantidad? ¿Y tienes el descaro de decir que es basura? ¿Tú qué te crees?
Josefa miraba a Melisa como si quisiera devorarla viva.
La verdad, su presencia en el mercado de piedras ese día no era una casualidad.
Florencia les había avisado que Melisa iría, así que tanto ella como Ricardo se aparecieron.
Josefa, aunque nunca había visto a Melisa en persona, ya le tenía tirria de antes.
Hace dos semanas, los padres de la familia Guevara y los Orozco iban a reunirse para hablar sobre el compromiso entre ella y Bruno.
Apenas Melisa salía, ellos la seguían.
En realidad, desde que la vio, Josefa ya quería agarrarla a golpes, pero Ricardo la convenció de esperar, que tenía una mejor manera de sacar a Melisa de la familia Orozco. Por eso, se aguantó.
Pero ahora, escuchar a Melisa despreciar los quince millones de pesos como si fueran nada, la hizo estallar.
—¡Pum!
Antes de que Josefa pudiera decir algo más, voló por el aire de una patada.
Carolina se arrancó la gorra y el cubrebocas, y antes de que nadie pudiera reaccionar, le agarró el cabello a Josefa y le estampó la cabeza contra el piso con fuerza.
Su voz, helada como la muerte misma.
—¿Qué dijiste hace un momento? ¿Eh?

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