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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 130

Por eso es que en la mañana había dicho que Clara era su amuleto de la suerte.

Clara sintió como si le hubieran exprimido un limón en el corazón; la amargura la inundó por completo.

Después de la siesta, la anciana amaneció con peor semblante que al mediodía.

Preocupada de que intentara forzarse de nuevo para bajar a cenar y respaldarla, Clara se apresuró a despedirse. Le rogó a la señora Elvia que no le quitara los ojos de encima y salió de la casa familiar antigua volteando hacia atrás a cada paso.

Durante todo el trayecto de regreso, la tristeza de Clara era evidente.

Al ver su esfuerzo por aguantarse las ganas de llorar, Vicente sentía que una rabia sorda le carcomía el pecho.

El auto se detuvo en la entrada de la residencia Soler. Andrés y Silvia se desabrocharon rápido los cinturones y salieron disparados hacia la casa.

En el momento en que Clara intentó bajar, Vicente se interpuso bloqueándole la puerta de nuevo.

¿Otra vez?

¿Qué no se cansa este hombre?

Clara lo fulminó con la mirada.

Él se mantuvo impasible.

—¿Qué te dijo la abuela?

Me dijo que Paulina es una hipócrita con intenciones ocultas.

Que se forzó a sí misma a verse bien frente a todos solo para protegerme.

¿Lo creerías si te lo dijera?

—¡Quítate! —Clara le dio un fuerte pisotón. Vicente soltó un leve quejido de dolor.

Clara lo hizo a un lado y corrió hacia la entrada.

Vicente se dio la media vuelta para irse.

—Señor Velasco... —Desde la terraza del piso superior, Camilo, que al parecer llevaba un buen rato observándolos, habló con voz pausada—. ¿Le gustaría pasar a compartir una comida sencilla con nosotros?

Desde su primer encuentro, Camilo había demostrado cierta hostilidad hacia él.

Vicente nunca había logrado entender de dónde venía tanto rencor.

Pero al recordar la escena de la tarde anterior, Vicente entrecerró los ojos.

—Será un honor.

En la sala, Yolanda estaba interrogando a Clara sobre cómo estaba la salud de la anciana Velasco y si habían dormido bien la noche anterior.

Clara apenas asintió y no tuvo tiempo de decir ni una sola palabra cuando vio entrar a Vicente por la puerta principal.

¿Qué demonios?

¿No decías que tenías un compromiso esta noche?

¿Aún no te has ido?

Clara lo miró desconcertada.

Vicente esbozó una sonrisa ladeada.

—Camilo me invitó a quedarme a cenar con la familia.

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