—Tú sigue... ¡Esta noche dormiré en la oficina!
Al terminar de hablar, Vicente pasó por su lado sin siquiera mirarla y entró al vestidor.
Podía escucharse el ruido de la maleta mientras él guardaba sus cosas.
Clara lo siguió.
—¿Te vas... de viaje de negocios?
—Sí, mañana voy al Distrito Costero.
¡¡¡!!!
Si hubiera sabido que él se iba de viaje, ¡no habría actuado como una ladrona!
Podría haberse quedado abiertamente en el estudio uniendo las piezas. Estaba segura de que lograría armar esa línea de números que tanto quería ver.
Dándole otra vuelta al asunto... ¡El Distrito Costero!
Ella nunca había estado allí.
Viajar con Vicente significaba ir en avión privado; una vez que se divorciaran, perdería esa oportunidad para siempre.
Clara se acercó servicialmente para pasarle la ropa.
—¿Entonces puedes llevarnos a Andrés, a Silvia y a mí contigo? Te juro que no interrumpiremos tu trabajo, nosotros...
Justo en ese momento, se topó con un destello fugaz de duda en los ojos de Vicente.
Clara lo entendió de inmediato.
Era inconveniente.
¿Y por qué era inconveniente?
¡No hacía falta decirlo, Paulina iba a estar ahí!
—Eh, haz de cuenta que no dije nada...
Clara se dio la vuelta para escabullirse, decidida a que en cuanto Vicente pusiera un pie fuera de la casa, ella se atrincheraría en el estudio hasta unir las piezas, aunque se le hiciera de noche.
A sus espaldas sonó la voz fría y profunda de Vicente.
—Puedes venir.
¿¿¿???
¿Qué podía?
¿Podía hacer de cuenta que no dijo nada?
¿O es que, en serio, podía ir?
Clara se dio la vuelta.
Vicente abrió el cajón de las joyas, eligió dos pares de gemelos y la miró.
—El vuelo sale a las siete de la mañana, así que saldremos a las cinco y media. ¿Podrás levantarte a esa hora?
Con tal de salir a disfrutar, no le importaba si eran las cinco y media o las tres de la mañana.
Clara asintió sin dudarlo.
Clara nunca iría a una cumbre empresarial de ese estilo; aunque fuera, no entendería nada.
Un día de cumbre y otro de reuniones de negocios; prácticamente no la necesitaría en ningún momento.
A menos que...
Vicente guardó silencio un instante y negó con la cabeza.
—No.
Clara se sintió aliviada. Pensando en que debía ganar puntos con su mina de oro, se apresuró a mostrar una actitud positiva.
—Yo voy principalmente por Andrés y Silvia. Ya están grandes y todavía no hemos hecho un viaje todos juntos. Además, ahora que son vacaciones de verano, cuando regresen a clases, los demás niños estarán alardeando sobre sus viajes al campo o a la playa. Si Andrés y Silvia se quedan en casa todos los días, ni siquiera tendrán un tema de conversación para unirse al grupo.
Cuanto más hablaba, más sentía que era una excelente madre. Clara se emocionó.
—Mañana llevaré a las niñas a la playa a jugar en la arena, y si nos da tiempo, pasado mañana los llevaré a Disney... ¡Ah, para eso tendríamos que llevar a la señora Lana! Vicente, ¿puedo sumar a alguien más?
No solo podía sumar a una persona, podía sumar a un batallón entero si quería.
Al ver las expresiones tan vivas de Clara y esa vitalidad tan diferente a la del pasado...
Vicente asintió.
—Voy a avisarle a la señora Lana...
Clara dejó a un lado los artículos de aseo que aún no terminaba de empacar, dio media vuelta y salió apresurada.
—Señora Lana, ¿Andrés y Silvia tienen ropa que se vea muy tierna?
—...Señora Tere, ¿usted tiene pasaporte? ... ¡Vaya empacando, en un momento le confirmo con Vicente!

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