¿Debería darle explicaciones?
Pero las cosas habían empezado a salirse de control desde el instante en que decidió mentir.
Hasta llegar a este momento tan humillante en el que sentía que iba a estallar.
¡Al diablo, que se hunda el mundo!
Clara cerró los ojos.
—...¡Gracias!
—Tú...
—¡Me voy a dormir ya! Cuando te levantes, acuérdate de despertarme, ¡gracias!
Clara se hizo a un lado hacia la orilla de la cama, cerró los ojos y trató de hacer su respiración lo más silenciosa posible para no llamar la atención.
Entendiendo el mensaje, Vicente ya no volvió a decir nada y simplemente se dio la vuelta.
Clara pensó que no podría dormir, pero el sonido de una respiración constante y profunda detrás de ella se sentía como el mejor de los ruidos blancos; sus párpados se volvieron cada vez más y más pesados...
—Clara, despierta...
Definitivamente, uno no debe hacer cosas con la conciencia sucia. Hasta en sus sueños escuchaba la voz de Vicente.
Clara se tapó la cabeza con las sábanas.
Al lado de la cama, Vicente, ya vestido y arreglado, levantó la muñeca para ver su reloj.
Eran las cinco y cuarenta.
El avión privado podía esperar, pero la cumbre empezaba a las diez, y si no se iban ya, llegarían tarde.
¿Debía decirle al chofer que no cargara las maletas de ellas?
O tal vez...
¡Toc, toc!
La puerta sonó suavemente.
Vicente volteó y vio a Andrés, ya lavado y con su ropita bien puesta.
Vio el bulto en la cama.
Y también vio la cara de resignación de Andrés.
Andrés apretó los labios y dijo:
—Papá, nosotros no vamos, ¡tú vete ya!
Su voz era plana y serena, como si fuera algo sin importancia.
Pero Vicente claramente vio la desilusión que asomó en sus ojos cuando llamó a la puerta y se dio cuenta de que Clara aún no se levantaba.
Vicente levantó la vista y notó que Silvia tampoco se había despertado.
La señora Tere, la sostenía en brazos, llevando en la mano una bolsa con la ropa que le pondría en cuanto abriera los ojos.
—Súbanse a la camioneta y díganle al chofer que salimos en dos minutos.
Vicente levantó la mano para desabotonarse los puños de la camisa, se dio la vuelta y se acercó a la cama.

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