La cabina, bastante espaciosa, estaba dividida en una zona de negocios y un área de descanso.
La señora Lana veía la televisión.
Señora Tere y el chofer se preparaban para el aterrizaje.
Al otro lado, en la sala de estar...
Vicente, impecable en su traje, estaba frente a una computadora portátil, tecleando de vez en cuando.
A su lado, Andrés estaba dibujando; con solo ver la inclinación de su cabeza se notaba lo concentrado que estaba.
Al otro lado de Andrés estaba Paulina, elegante y con voz suave.
A simple vista, esa sala de estar parecía envuelta en una burbuja de perfecta armonía.
Dentro de esa burbuja, los tres parecían la familia más feliz y perfecta del mundo.
—Andrés...
Silvia corrió hacia ellos.
La burbuja se rompió y los tres levantaron la mirada al mismo tiempo.
En el rostro de Paulina se dibujó una sonrisa impecablemente ensayada.
Lucas le había comentado que Vicente jamás llevaba a Clara a las reuniones de amigos.
Kevin también le dijo que, aparte de la casa familiar antigua, casi nunca había visto a Clara.
Ella llevaba ya varios días en el país y Vicente no había dado ninguna muestra de querer que Clara y ella se vieran las caras.
Estaba claro que Vicente no tenía la menor intención de integrar a Clara en su círculo social.
Llevaba cinco años y aún no había logrado ganarse el corazón de Vicente. ¡Qué desperdicio de mujer!
Aun así, ¡tenía que agradecerle por ser tan inútil!
—Clara... —Al lado de las dos caras de témpano de hielo, la sonrisa radiante y vivaz de Paulina destacaba aún más—. ¡Buenos días!
—Buen día —respondió Clara. Cualquier rastro de su fantasía anterior desapareció sin dejar huella en cuanto vio a Paulina.
Al mirar a Vicente, no pudo evitar esbozar una sonrisa cargada de un toque de burla y de frialdad.
Había sido una tonta al no darse cuenta de que él llevaría a su adorada ex en un dulce viaje de a dos. Se dejó llevar por su instinto maternal, queriendo darles unas vacaciones de verano a sus hijos.
¿Y él?
Sabía perfectamente que Paulina iría, y aun así accedió a que ella los acompañara.
¿Acaso quería sentirse el rey del mundo, rodeado de dos mujeres, o solo quería que ella se diera cuenta de quién era la preferida y se hiciera a un lado?
Además...
Con su viejo amor ya de regreso, la noche anterior todavía le había dicho que como aún no estaban divorciados, estaba dispuesto a cumplir con sus obligaciones maritales.
¿No debería darle un diploma al Mejor Exmarido del País?
Solo con ver la cara de Clara, Vicente sabía que no iba a decir nada agradable. Sin embargo, el hecho de que ella no se hubiera puesto a hacer un escándalo frente a Paulina ni hubiera perdido los estribos ya merecía algunos puntos extra.
Cerró la laptop, se la pasó a su asistente, tomó a Andrés de la mano y se acercó.


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