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LA VILLANA QUE HUYÓ DE SU FINAL romance Capítulo 40

El asistente personal de Vicente.

Julián se acercó a Vicente y le susurró algo al oído.

El rostro de Vicente no cambió, pero apenas el ministro Wilson terminó de hablar, se excusó con un cortés con permiso y se dirigió a la salida.

¿Acaso Clara había llegado?

Paulina apretó con fuerza la copa de champán que sostenía y siguió a Vicente con la mirada mientras él caminaba hacia los ascensores.

Cinco minutos.

Diez minutos.

Pasó media hora, y Vicente no volvió.

Darse cuenta de que se había marchado así, dejándola sola en la sala sin ninguna explicación, la enfureció.

El rostro de Paulina mostró su molestia por un instante.

Ya era de madrugada, y los pasillos del hospital privado lucían pálidos y desolados.

Vicente entró apresurado a la habitación y vio a Silvia con los ojos cerrados, con su carita completamente enrojecida.

Por otro lado, Clara parecía estar muerta de frío; estaba pálida y se mordía los labios, que tampoco tenían color.

—¿Ya entregaron los resultados?

En el camino, Julián le había informado que los médicos sospechaban de un problema sanguíneo y que le estaban haciendo unos análisis.

Vicente clavó su mirada en Clara.

El miedo consumía a Clara por dentro.

Su instinto le gritaba que no podía esperar los resultados.

¡Tenía que actuar en ese mismo instante!

Clara echó un vistazo a la puerta cerrada, luego levantó la vista, mirándolo con frialdad.

—Vicente, ¡tráeme el acuerdo de divorcio para que lo firme ya!

El rostro sereno de Vicente se tensó por un segundo. Al observar a Clara de nuevo, su mirada se volvió furiosa.

—Clara, ¿estás consciente de lo que estás haciendo? ¿De verdad te parece el mejor momento para hablar de esto?

Cuando leyó su mensaje en WhatsApp, hasta se sintió mal por haber dudado de ella.

Y al verla llegar al hospital con Silvia, sin siquiera haber tenido tiempo de quitarse el vestido de gala...

Apenas entró, el corazón se le había ablandado.

Pero en este instante, Vicente sentía unas ganas terribles de explotar.

Sentía como si estuviera viendo a la misma Clara de siempre.

Caprichosa.

Fría y sin corazón.

—Ahorrémonos las excusas, que no estoy para escucharlas... Ya habíamos acordado divorciarnos y hasta tenías el documento redactado, así que no hay más que hablar. ¡Dámelo de una vez!

La manita que Clara tenía agarrada se ponía cada vez más fría.

Pero al tocarle la frente, comprobó que la fiebre seguía subiendo.

Temía que el doctor abriera la puerta en cualquier segundo para darle los resultados.

Clara lo apuró con la mirada.

—¡Apúrate! ¡Lo quiero ahora!

Vicente no le quitaba los ojos de encima a Clara, y por su cabeza cruzó una idea descabellada.

Era como si Clara lo estuviera haciendo a propósito.

Como si el acuerdo de divorcio tuviera que ver con la fiebre de Silvia.

—¿Y ahora qué? —Clara encaró a Vicente—. ¡No me digas que ya no quieres divorciarte!... Tienes tu matrimonio de fachada y afuera haces lo que te da la gana, ¿acaso quieres quedarte con las dos?

A Vicente le latían las sienes con fuerza. Ver a Clara diciendo tantas barbaridades le recordaba todas esas otras veces en las que había perdido los estribos.

Después del coraje, solo le quedó una sensación de resignación e impotencia.

Vicente se dio la vuelta bruscamente y abrió la puerta de la habitación.

—Julián...

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