Entrar Via

Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 11

Mariana Basurto no tenía dónde desahogar toda su ira y los recuerdos del pasado volvieron a ella.

«¿Qué clase de maldición es esta? Otra vez es por el desastre que dejó ese vejestorio de Domingo Dimas. Si ese par de desgraciadas, madre e hija, me vieron la cara por tanto tiempo, ¿acaso mi propia hija no va a poder contra ellas?», pensó.

Ivana cerró los ojos, llena de dolor.

—Mamá, ya me resigné. No tengo su encanto ni su habilidad. ¡Por favor, deja de presionarme!

En realidad, la bofetada de Mariana no había sido tan fuerte; después de todo, acababa de salir de una cirugía. Pero no podía soportar ver a su hija sufrir de esa manera.

¡Pensar en lo bueno que Nelson había sido con Ivana en el pasado!

Hasta en esos días, él estaba al pendiente: le llevaba lo que necesitaba y no la dejaba sola ni un segundo.

Pero, ¿cómo fue que todo cambió después?

—¿Será porque no han tenido hijos? ¡Quizá siente cabeza cuando tengan uno!

Ivana no pudo evitar replicar:

—Tú me tuviste a mí, y papá te engañó de todas formas, ¿no?

Mariana se quedó helada por un momento, y luego comenzó a toser violentamente.

—¡Mamá, no te alteres! —se asustó Ivana—. Te lo prometo, ¿sí? ¡No me divorciaré por ahora!

Pasó un buen rato antes de que el rostro de su madre recuperara su color normal.

Por un largo momento, madre e hija se quedaron sentadas, en silencio.

Ivana, queriendo romper la tensión, estaba a punto de levantarse para lavar algo de fruta cuando la puerta de la habitación se abrió.

Un hombre de mediana edad, de piel un poco morena, entró con un niño de unos cinco o seis años.

—¡Mamá!

El niño, con voz infantil, se abalanzó hacia la cama de Mariana, empujando a Ivana a un lado sin querer.

El hombre, con una sonrisa, dejó los contenedores de comida y la fruta que traía. Era el actual esposo de su madre, Horacio Yates.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado