Después de que Emilio abrió todos los regalos, hubo uno que le encantó.
Era precisamente lo que Ivana acababa de sacar del carro: ¡un pequeño dron básico de bajo costo!
—¡Guau, esto está increíble!
Ivana le acarició la cabeza.
—Al rato te lo dejo listo, es facilísimo. Nada más aquí no lo vueles; mejor lo usas en tu casa o en un parque.
Los niños, por naturaleza, son inquietos.
En cuanto Emilio tuvo el dron, lo abrazó y empezó a intentar desarmarlo.
Horacio le dio un manotazo y lo regañó:
—¡Es un juguete que Ivana te acaba de comprar! ¡Si lo rompes, no podrás volver a armarlo!
Ivana sonrió.
—No te preocupes. Aunque lo haga pedazos, puedo volver a ensamblarlo.
Nelson la observaba desde un lado.
Pronto, la cena estuvo servida y los cinco se sentaron a la mesa.
Ivana no había cenado, así que comió un poco más.
Durante la comida, inevitablemente hablaron sobre los planes de Año Nuevo.
Mariana preguntó:
—Y ustedes dos, ¿dónde pasarán el Año Nuevo?
Esta vez, antes de que Nelson pudiera hablar, Ivana se adelantó:
—Este año me toca trabajar en Año Nuevo. Y él estará ocupado con las cirugías en el hospital, así que probablemente también trabaje.
Nelson abrió la boca, pero al final no dijo nada.
A Mariana le pareció una lástima.
La cena terminó rápidamente.
Ivana, por instinto, se dispuso a lavar los platos, pero Horacio la detuvo.
—No hace falta, yo me encargo en un rato. ¡Ustedes dos váyanse a casa temprano!
Nelson ya se había puesto el abrigo y no dejaba de mirar hacia el balcón.
Habían movido una mesa allí, donde Mariana estaba supervisando a Emilio mientras hacía su tarea.

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