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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 165

Gilda le envió un mensaje, preguntándole si ya había comido.

Se pusieron de acuerdo al instante y quedaron en un lugar para cenar.

Gilda era una parlanchina; no paró de hablar en toda la cena.

Su energía contagiosa logró que la sensación pesada que agobiaba a Ivana se aliviara un poco.

Gilda vivía en la universidad y solo salía a divertirse uno o dos días por semana, así que aprovechó para llevar a Ivana de compras.

La ropa del armario de Ivana ya estaba vieja, y con el cambio de estación, aprovechó para comprar algunas prendas nuevas.

«Qué suerte tener una amiga así», pensó Ivana. «De esas que, sin hacer ruido, te aflojan el nudo que traes cargando.»

Realmente deseaba que Gilda pudiera ser así de feliz para siempre.

Sin embargo, mientras conducía de vuelta a Residencial Valle de Ónix, la sonrisa de Ivana se desvaneció en cuanto vio cierto carro estacionado en la entrada.

No se detuvo. Siguió de largo hasta la siguiente esquina, fingiendo que no había regresado. Luego, abrió su computadora y continuó con las clases que tenía pendientes.

Su celular sonó varias veces, pero no se molestó en contestar.

El tiempo vuela cuando uno está concentrado. En un parpadeo, había pasado más de una hora.

De alguna manera, Nelson descubrió su carro. Se acercó a grandes zancadas y golpeó la ventanilla.

—¡Baja del carro y entra a la casa!

Tenía el ceño fruncido y parecía furioso.

Ivana sospechó que algo lo había irritado durante el día y ahora quería desquitarse con ella.

No tenía ganas de lidiar con él, pero Nelson seguía golpeando la ventanilla, un sonido que le crispaba los nervios.

Resignada, tomó su computadora y bajó del carro.

Apenas abrió la puerta, Nelson la jaló con fuerza para abrirla por completo.

—Es de noche. Saliste del trabajo hace horas y no llegabas a casa. ¿Con quién te viste?

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