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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 179

Hizo una pausa y luego se dirigió a los dos chicos:

—¿Saben una cosa? Elena solo está enferma. Por eso se le cayó todo el cabello y tiene que usar una peluca.

»Ustedes también se han enfermado, ¿verdad? ¿A poco no se siente horrible estar enfermo? Si un día ustedes se enfermaran y tuvieran que raparse, ¿creen que podrían sonreír al verse en el espejo cada día?

Los dos chicos hicieron un mohín al escucharla, pero no dijeron nada más.

El profesor suspiró y, subiendo al estrado, comenzó a explicar a la clase algunos conceptos sobre la quimioterapia.

No había revelado la enfermedad de Elena antes para respetar su privacidad, pero el resultado había sido contraproducente.

Ivana observaba desde la puerta. Emilio, a su lado, le dio un suave tirón a la manga y le dijo en voz muy baja:

—Ivana, la próxima vez mejor les bajo los pantalones.

Ivana le dio un manotazo en la nuca.

—¿Qué tonterías dices?

¡Este hermanastro suyo era todo un caso!

Pero su mirada permaneció fija en la niña llamada Elena, y un torbellino de emociones la invadió.

Apenas habían pasado unos días desde que se encontraron en el metro, y ahora volvían a coincidir.

¿Cómo era posible que una niña tan adorable y buena estuviera enferma? ¿Por qué el destino era tan injusto?

Ivana no se fue de inmediato. Esperó afuera del salón hasta que sonó el timbre de salida.

Elena se quedó sentada en silencio, esperando a que vinieran a recogerla, parpadeando con sus grandes ojos. Era tan dócil que conmovía.

Ivana sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas y se los frotó rápidamente.

Poco después, llegó la madre de Elena, Patricia, la misma mujer con la que se había topado en el metro.

Al ver a Ivana, también se sorprendió. Pensó que solo había sido un encuentro fugaz con una extraña, pero el destino les había dado otra oportunidad de coincidir.

Ivana platicó un poco con Patricia, principalmente para preguntar sobre la enfermedad de la niña. Descubrió que tenía un problema en los riñones.

Era evidente que era una familia común y corriente, pero debido a la enfermedad de su hija, habían tenido que vender hasta su casa.

—Pero, por suerte, el hospital nos acaba de notificar que por fin encontraron un riñón compatible. ¡Mañana mismo Elena puede tener la cirugía!

—¿De verdad? ¡Qué buena noticia!

Ivana se alegró de verdad: ojalá por fin les tocara un respiro.

Antes de despedirse, se aseguró de intercambiar números de contacto con Patricia.

No era grande, por lo que no lo había notado entre las rosas blancas.

La curiosidad la invadió de inmediato. Abrió el sobre y dentro solo encontró una fotografía.

Pero al verla, frunció el ceño al instante.

La mujer de la foto tenía el cabello largo empapado de agua. Su vestido de noche azul oscuro se adhería a su cuerpo, resaltando la delgadez de sus omóplatos y clavículas.

La tela mojada se le pegaba al cuerpo de una forma indebida, dejando ver más de lo que cualquiera debería ver.

Aunque la mujer se veía frágil y desamparada en los brazos de otra persona, la iluminación intermitente de la escena creaba una imagen de belleza vulnerable que invitaba a la imaginación.

¡Era el momento exacto en que la habían rescatado, desorientada y asustada, del baño del hotel!

«¿Quién pudo haber tomado esa foto?», se preguntó.

Ivana le dio la vuelta. Detrás solo había una línea de texto.

Sus dedos se quedaron rígidos. Palideció al instante y dejó caer la foto como si le quemara.

En el reverso de la foto solo había una frase escrita:

‘¡Cómo me gustaría hacerme una paja viéndote en persona!’

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