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Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 19

—Nelson, el día que te casaste con mi hija me juraste que la ibas a cuidar, y ahora me vienes con esto. No creas que porque mi hija te quiere es fácil de pisotear. ¡Si andas de sinvergüenza por ahí, sepárense de una vez y deja de ser una carga para ella!

La voz de Mariana se hacía cada vez más agitada.

—Cof, cof, cof…

Ivana, preocupada, le dio unas palmaditas en la espalda mientras sentía un nudo en la garganta. Sabía que su madre la estaba defendiendo.

Nelson, por su parte, se enderezó en su asiento.

—Mamá, todo eso son rumores. La única razón por la que tengo contacto con Yadira es por la enfermedad de su hijo.

»Además, crecimos juntos y en el pasado me ayudó mucho. Y está también lo de su pierna, que fue por…

Al llegar a este punto, miró de reojo a Ivana, como esperando que ella lo contradijera.

Después de todo, cada vez que se mencionaba la lesión de Yadira, Ivana reaccionaba de forma casi explosiva, gritando y jurando que no había sido su culpa.

Pero esta vez, Ivana no tuvo reacción alguna.

Nelson, extrañado, continuó:

—Soy médico, al fin y al cabo. Ella acaba de regresar al país, está divorciada y andar sola buscando tratamiento para su hijo enfermo no es fácil. Por eso la dejé quedarse en el hospital. No hay nada entre nosotros.

Esta vez fue el turno de Ivana de mirarlo con sorpresa, pero al instante lo comprendió.

Seguramente él también estaba preocupado por la salud de su madre y por eso decía eso.

Al final, ella pensaba lo mismo: era mejor no hablar del divorcio por ahora, esperar a que su madre completara la segunda fase de su tratamiento y se recuperara para decírselo poco a poco.

Por eso, cuando Mariana se giró para preguntarle si le creía, Ivana forzó una sonrisa.

—Mamá, no te preocupes por mí. Ahora lo más importante es tu salud.

Nelson tomó un par de servilletas para limpiarse las manos, sacó una pequeña caja del bolsillo y se la entregó a Ivana.

—Últimamente he estado muy ocupado. Es un regalo para ti.

Ivana tomó la cajita cuadrada y dijo con indiferencia:

—Gracias.

Al ver que no tenía intención de abrirla, Nelson sacó el contenido: una pulsera sumamente delicada.

Brillaba intensamente, y era obvio que su precio no era bajo.

Nelson, con calma, le colocó la pulsera en la muñeca.

Aun así, Ivana cortó las papas a lo bruto, sin cuidado, y las aventó al plato como quien suelta el coraje.

Nelson frunció el ceño, pero un momento después negó con la cabeza y sonrió para sus adentros, pensando que su berrinche infantil era bastante adorable.

«Ella, que una vez estuvo dispuesta a dar la vida por mí, ¿cómo podría realmente divorciarse de mí?»

El teléfono sobre la mesa vibró.

Ivana, que estaba más cerca, vio claramente el nombre en la pantalla: “Cariño”.

Nelson dudó un instante, pero contestó rápidamente. Se giró de lado, cubriendo el micrófono con la mano para susurrar unas palabras, y luego se levantó.

Mariana, al verlo irse, preguntó:

—¿Te buscan de la clínica? Entonces ve rápido, ¡los pacientes son lo primero!

Nelson tomó su saco y le dijo a Ivana de pasada:

—Hoy no tengo mucho trabajo, al rato nos vamos juntos a casa.

Dicho esto, se fue a toda prisa, ¡como si estuviera seguro de que ella no se negaría!

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