Entrar Via

Llegas tarde: el divorcio ya está firmado romance Capítulo 47

Presionada por el cuerpo ardiente del hombre, sus oídos se llenaron de jadeos pesados.

Ivana se quedó mirando el techo del auto, ida, como si su cuerpo ya no le perteneciera.

Acababa de tomar un medicamento para el estómago que la había dejado somnolienta, y sin darse cuenta, se quedó dormida.

En su sueño, se sentía como si estuviera desnuda y abandonada en medio de una multitud que se reía y la observaba. La ansiedad y la incomodidad la envolvieron por completo.

Un momento después, el sueño la transportó cinco años atrás, cuando llevaba un tiempo saliendo con Nelson.

Habían ido en carro al campo con un telescopio para ver una lluvia de estrellas.

En el camino, a ella le dio fiebre, pero se negó rotundamente a volver, esperando tercamente el espectáculo celestial.

Nelson no tuvo más remedio que sentarla en sus piernas para darle calor. Ambos llevaban ropa ligera.

Ivana sintió que él reaccionaba. Con el rostro sonrojado, empezó a tocarlo y a provocarlo.

Pero a Nelson le preocupaba su salud, así que se contuvo toda la noche.

Su aliento cálido rozaba su oreja, y el brazo que la rodeaba la apretó con más fuerza.

—¿Qué deseo pediste?

Ivana rodeó su cintura con los brazos y hundió el rostro en su pecho, escuchando el latido firme y constante de su corazón mientras susurraba:

—¡Pedí que nunca más me hicieras daño!

—¡Ay, si lo dices en voz alta no se cumple!

—¿Y me harás daño?

Bajo las estrellas, Nelson le sonrió con una ternura que ya parecía de otra vida.

—¡Claro que no!

Qué firmes sonaban sus palabras en ese entonces. Pero, ¿por qué la gente cambia?

***

Cuando la empleada doméstica vio a Nelson bajar del carro con Ivana en brazos y la ropa de ambos en desorden, se quedó boquiabierta.

—¿Qué pasó?

Ivana descansaba tranquilamente acurrucada en sus brazos, cubierta solo por una camisa de hombre que dejaba al descubierto su piel nívea.

Limpió cada centímetro de su piel. Al llegar a su cintura, le dio un masaje con la presión justa para aliviar su fatiga.

De hecho, durante el año que Ivana pasó en el hospital recuperándose de la puñalada, Nelson se había vuelto un experto en estas tareas.

Pero a pesar de la calidez que la envolvía, las pestañas de Ivana temblaban y su sueño era intranquilo, como si tuviera una pesadilla.

Nelson le secaba suavemente el cabello con una toalla, con movimientos tan ligeros que parecía temer despertarla.

Al notar que murmuraba en sueños, acercó su oído para escuchar.

Pero no pudo entender nada.

Sintió algo húmedo en la mejilla de ella y, al tocarla, se dio cuenta de que eran lágrimas.

«¿Por qué llora?», pensó.

Nelson frunció el ceño y le secó las lágrimas mientras la observaba dormir tan plácidamente en la cama. Un torbellino de emociones lo invadió.

Por un instante, sintió miedo de que despertara.

Porque en cuanto abriera los ojos, volvería a enfrentarse a él.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado