Ivana se mordió el labio, a punto de llamar a seguridad para que la echaran, cuando de repente escuchó la voz temblorosa de su madre en la entrada.
—Ivana, ¿qué demonios está pasando aquí?
El rostro de Ivana se demudó y corrió hacia ella.
—Mamá…
Yadira la saludó con una sonrisa que no le llegaba a los ojos.
—Hola, ¿todavía te acuerdas de mí? ¡Nos vimos en el funeral de papá!
El semblante de la madre, que por fin había recuperado un poco de color, se ensombreció al instante. Se giró hacia Ivana.
—¿Es cierto lo que está diciendo esa zorra?
Ivana negó con la cabeza de inmediato.
—Mamá, no le hagas caso. Vámonos a casa.
Yadira, a un lado, soltó una carcajada.
—La culpa es de tu hija por dejarse pisotear, por no ponerle un alto a su marido. Igual que tú en su momento, ¿o acaso pudiste controlar al tuyo? ¡Una fracasada cría a otra fracasada, igualitas!
—¡Ya basta!
A Ivana le daban ganas de saltarle encima y partirle la boca.
Pero, de repente, su madre, que estaba en sus brazos, se desmayó por la intensidad de la emoción.
Una enfermera, que había notado el alboroto en el pasillo, reaccionó a tiempo y la llevó de inmediato a la sala de urgencias.
Ivana se quedó afuera, con el pecho apretado, como si le faltara espacio para respirar, sintiendo que revivía el día del funeral de su padre.
En aquel entonces, su madre la abrazaba en el velorio, llorando desconsoladamente hasta que la vista se le nubló.
No era para menos. Durante el mes que su padre luchó contra el cáncer, su madre había perdido más de diez kilos por cuidarlo.
Por eso, cuando Yadira y su madre llegaron a dar el pésame, su madre pensó que eran colegas de su padre que venían a darle el último adiós.
Pero Yadira y su madre apenas las miraron. Declararon sin rodeos que venían a reclamar su parte de la herencia, diciendo, sin vergüenza, que también tenía derecho a la herencia porque la ley la reconocía como hija.
Resultó que su padre tenía otra familia en secreto, y que Yadira ¡era un año mayor que Ivana!
«¿Cómo es posible?», pensó.


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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Llegas tarde: el divorcio ya está firmado