Las pupilas de Yadira se contrajeron bruscamente. No podía creer lo que oía y, con una sonrisa formándose en sus labios, miró de inmediato al hombre que estaba a su lado.
Nelson permaneció inmóvil, y aunque su expresión no cambió, una frialdad casi imperceptible comenzó a emanar de él.
—Dilo otra vez.
Su voz era contenida, pero la amenaza era más que evidente.
Ivana sintió que él estaba muy enojado, pero ya no tenía energías para lidiar con eso.
—Dije que quiero…
De repente, Nelson la jaló hacia él, la oscuridad en su mirada se hizo más intensa. Pero antes de que pudiera decir algo, la puerta de la sala de urgencias se abrió.
El doctor a cargo salió y se quedó un poco perplejo al ver la escena.
—¿Qué está pasando aquí?
Ivana apartó rápidamente la mano que la sujetaba y se acercó al médico con ansiedad.
—Doctor, ¿cómo salió la operación de mi madre?
El médico se secó el sudor de la frente.
—Nelson, Ivana, no se preocupen. La operación salió bien en esta primera parte. Sin embargo, quedó muy debilitada y, considerando su edad, necesitará muchos cuidados a partir de ahora. Y, sobre todo, no debe alterarse. Esta vez alcanzamos a estabilizarla, pero si vuelve a alterarse así, podría no salir de la próxima.
Ivana sintió como si algo explotara en su cabeza. El alivio que apenas había comenzado a sentir se desvaneció, reemplazado por una nueva ola de angustia, y las lágrimas brotaron de sus ojos.
Al mismo tiempo, el rostro de Nelson se puso serio. Abrió la boca para hablarle a Ivana, pero en ese instante, el cuerpo de ella se tambaleó y cayó al suelo.
—¡Ivana! —exclamó el doctor, sorprendido, e instintivamente intentó sostenerla.
Pero alguien fue más rápido.
Nelson la tomó en sus brazos. Le tocó la frente y, al sentir que ardía, la levantó y se dispuso a irse.
—¡Nelson! —lo llamó Yadira con voz suave.
Nelson se detuvo un instante y volteó a verla de reojo.
—La habitación de Jaime ya está lista. Ve tú sola.
En su voz, habitualmente fría, había una urgencia que ni él mismo notó.
Justo cuando el anillo que sellaba su promesa estaba a punto de deslizarse en su dedo anular, apareció esa mujer detestable.
Yadira la llamó al camerino y comenzó a lanzarle todo tipo de indirectas hirientes.
Como no quería arruinar su propia boda, contuvo la rabia y se dispuso a marcharse.
Pero, de repente, Yadira gritó y se arrojó contra una torre de copas de champán.
La sangre corrió por el suelo y los invitados entraron atraídos por el ruido.
Ivana intentó explicar desesperadamente lo que había pasado, pero Nelson no le creyó, porque Yadira tenía el tobillo cortado.
La miró con una expresión de incredulidad y decepción.
—Yadira acaba de lanzar su carrera en un reality de canto y baile. ¿Crees que arriesgaría su futuro prometedor solo para tenderte una trampa?
No solo Nelson no le creyó, ninguno de los invitados lo hizo.
A partir de ese día, todos supieron que Ivana era una mujer malvada y retorcida. La despreciaban profundamente.

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