Mónica se quedó sorprendida.
—Pero, ¿no era para tu esposa?
Iván dejó la bolsa en el suelo.
—Si te gusta, quédatelo. Si no, tíralo.
Tras decir esto, dio media vuelta y se marchó.
Mónica miró cómo se alejaba y bajó la vista hacia el estuche de terciopelo.
Después de un largo momento, levantó la bolsa.
***
Angélica no durmió bien. Se levantó a medianoche para tomar un vaso de agua.
Pero en lugar de relajarse, el agua la despabiló más, así que se apoyó en la cabecera de la cama a revisar el celular.
Quizás porque había hablado de «perlas» durante la noche, Pinterest comenzó a sugerirle publicaciones sobre joyería con perlas.
Una de esas fotos le dio una punzada en el pecho.
El set de perlas que había llevado puesto por menos de media hora, ahora adornaba el hermoso cuello de otra mujer. No se le veía el rostro, pero Angélica sabía perfectamente quién era.
El texto de la foto decía: [Buenas noches, mi amor.]
Angélica maldijo la hora en la que se le ocurrió revisar el celular.
Si no lo hubiera hecho, no habría tenido que tragarse ese trago tan amargo.
Esa noche, por un instante, llegó a pensar que Iván había pagado una fortuna por esas joyas para compensarla por las humillaciones que había sufrido en la villa.
Incluso llegó a imaginar que le diría que las usara en eventos importantes para no tener que agachar la cabeza ante la familia.
Pero no, la hizo ponérselas en público solo para fingir ser el marido perfecto, y luego dio media vuelta y se las regaló a su amante.
Angélica saltó de la cama, abrió el cajón de un tirón y sacó el acuerdo de divorcio ya firmado. Tenía ganas de correr en ese mismo instante y exigirle a Iván que lo firmara.
Pero tras dudarlo un momento, lo volvió a dejar en su lugar.
Apretó los bordes del papel hasta arrugarlos, y luego los alisó lentamente con los dedos.
Esa nueva medicina, necesitaba que Iván la consiguiera para salvarle la vida a su tío.
Guardó los papeles de divorcio bajo llave.
Comparado con la vida de su tío, su orgullo no valía nada.

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