'Los molinos del señor muelen lento pero muelen muy fino'
4 AÑOS DESPUÉS
Habían pasado cuatro años desde ese día en que Adriana desapareció completamente de su vida. Eventualmente supo que estudiaba en Roma, sistemas, pero ella nunca más se acercó a él ni él a ella.
Creía que era lo mejor ya que evidentemente ella no había superado su obsesión malsana con su persona.
Lo que no sabía Dante, por más grande que fuera tanto físicamente como en edad, era que Adriana al igual que un depredador esperaba en las sombras. Siguiendo sus pasos atentamente. Que absolutamente NADA en lo que refería a Dante se le escapaba.
Sabía de cada novia o amigovia que había tenido. Incluso él no lo sabía, pero su última novia lo había dejado por ella ...aunque eventualmente esa relación no iba a durar por supuesto. La chica terminó con el corazón roto..Adriana lo lamentó, no la quiso lastimar adrede, era solo un peón en su tablero de ajedrez y debía ser sacrificada.
Adriana encontraba mucho placer en saber que se estaba cogiendo a las mismas mujeres que él, que su lengua y sus manos tocaban los mismos lugares que tocaba o había tocado Dante.
Ludmilla había dejado la Otan y se había puesto de novia con una de las cabecillas del ejército kurdo, la comandante Ariana. De vez en cuando hacían videollamadas. Ella sabía lo que había pasado esa noche pero no estaba al tanto de los planes de Adriana. Seguía siendo un gran apoyo, incluso a la distancia. Y ella se alegraba se que finalmente hubiera encontrado el amor, aunque fuera tan lejos. A veces la extrañaba.
Ella se preocupó en preparar su cuerpo, se puso tetas, hizo ejercicios de todo tipo.
Y no solo eso, también se preparó psíquicamente. Fue la mejor de su clase, encontró los mejores trabajos. Estudió inversiones como materia optativa, hizo crecer su dinero. Algo que le había quedado de sus padres. Vendió la casa familiar al cumplir los 21 y cobró un pequeño fideicomiso que Dante había administrado muy bien, también. Todo a través de abogados ya que no se habían vuelto a ver, al menos no personalmente.
Mientras, Dante había amasado una pequeña fortuna con su negocio de seguridad privada.
Él ya no trabajaba como guardaespaldas así que tenía que calcular muy bien sus siguientes pasos. Todo era fundamental para el maquiavélico plan de Adriana.
Cuando a Dante, su asistente le dijo que había llegado la propuesta para cuidar a la hija de un magnate le pareció extraño, pues solo lo querían a él e insistieron mucho en eso. Al principio dijo que no...
El cuarto no era un lugar improvisado.
Tenía cámaras, los grilletes que lo encadenaban un sistema mecánico. Todo parecía nuevo, y de mucho nivel. De última generación.
¿Quizá algún viejo enemigo??? ¿ Pero quién?
Fue una voz que hacía años no esperaba oír la que lo sacó de su incertidumbre.
—Hola Dante ¿me extrañaste?
Era la voz de Adriana, su hijastra...

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