No sé qué tiene en la cabeza.
—Tranquila, Betina, los Reyes no te van a correr. Y si la cosa se pone fea, deja que Ulises pase un tiempo en el bote para que se les baje el coraje.
Betina, cada vez más escamada, preguntó:
—Liliana, ¿hay algo más que me estés ocultando?
Liliana tenía muchas ganas de decirle la verdad: que ese bueno para nada de Ulises no era su padre biológico. Pero Álex había sido claro: era un momento crítico y, si Betina sabía la verdad, podría echarlo todo a perder. Sería mejor decírselo cuando ya tuviera su lugar asegurado con los Reyes.
—Betina, hay cosas que... es cierto que no te he dicho, pero créeme, lo hago por tu bien... yo...
—Ya, ya, ya. Entendí. Tengo que regresar a la mansión Reyes.
Betina estaba harta. Siempre le salían con que era «por su bien», pero nunca le daban una buena noticia. Al parecer, ya no podía confiar ciegamente en Liliana. Si quería deshacerse de Almendra, tendría que buscar otra forma.
Regresó a la casa de los Reyes con el corazón en un puño y, tal como temía, el mayordomo le informó de inmediato que todos la esperaban en el jardín. Al llegar, lo primero que vio fue a Ulises tirado en el suelo, quien bajó la cabeza en cuanto la vio.
Miró a los presentes con extrañeza y preguntó:
—Papá, mamá, ¿qué está pasando?
Frida soltó un suspiro y miró a Betina:
—Betina, ¿sabes quién es este hombre?
Betina se le quedó viendo a Ulises un momento y dijo:
—¿No es el jardinero nuevo? Lo vi muy necesitado y dejé que se quedara. ¿Hizo algo malo?
Almendra sonrió. Vaya, todos ahí eran actores de primera.

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