Entrar Via

Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 15

La mirada del abuelo siguió la de Betina y volvió a negar con la cabeza, resignado.

—Betina, escúchame, en realidad…

—¡Pequeña!

De repente, la voz de Frida volvió a resonar. Al segundo siguiente, una infinidad de globos de colores salió disparada hacia el cielo, tiñendo el jardín con los colores del arcoíris.

—¡Abuelo, están soltando los globos! ¡Me están llamando, vamos! —exclamó Betina, emocionada y ansiosa, mirando a Yago, que parecía querer decirle algo.

No podía esperar más para ver qué regalos le habían preparado sus padres esta vez.

Sin esperar a que Yago dijera nada más, se dio la vuelta para correr hacia el jardín.

—¡Betina, eso no es para ti! —dijo Yago, con el corazón en un puño, sabiendo que la heriría.

Betina se detuvo en seco. Creyendo que su abuelo bromeaba, se rio.

—Abuelo, no intentes engañarme.

—No te estoy engañando —dijo Yago con un suspiro—. Si no me crees, quédate junto a la ventana y mira tú misma.

Si Betina irrumpía ahora en el jardín, solo se humillaría. Era mejor que observara desde la distancia y entendiera la verdad por sí misma.

—Señor, si no es para la señorita Betina, ¿para quién podría ser? —preguntó Liliana, la niñera, con extrañeza.

En esa casa, nadie más que la señorita Betina merecía un recibimiento así. El abuelo le lanzó una mirada cortante y Liliana se calló de inmediato.

—Betina, ya te lo dije. Pase lo que pase en esta casa, tú siempre serás la princesita consentida del abuelo.

¿Por qué?

Confundida y aterrorizada, miró a Yago. Su voz, normalmente dulce, ahora tenía un matiz de ira.

—Abuelo, ¿quién es esa chica? ¿Por qué mamá le está poniendo «La Cosecha de Hielo»? ¿Y todos esos regalos, esos carros, son para ella?

En el universo de Betina, ella era la más querida de la familia Reyes, incluso más que sus hermanos. Pero ahora… ¿por qué sus padres le daban algo que le pertenecía a ella a esa desconocida?

Y lo peor de todo, ¿el abuelo no hacía nada para impedirlo? ¿No era ella su favorita?

—Betina, ya te lo dije —dijo Yago, dándole una suave palmada en el hombro para consolarla—. Pase lo que pase, siempre serás la nieta consentida del abuelo.

***

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada