Baltasar asintió, colgó el teléfono y salió personalmente del edificio.
Ulises estaba tirado frente a la puerta principal, sudando a chorros bajo el sol abrasador.
Pero con tal de conseguir dos millones, eso no era nada. Ulises ya se había visto al borde de la muerte varias veces; aguantar el sol por lana era algo que podía hacer diario y hasta contento.
Al ver salir a Baltasar, Ulises resopló: —¿Ya pediste permiso? Si ya acabaste, apúrate a darme el dinero, que tengo prisa.
Antes de venir, se había preparado mentalmente: ¡no se iría sin el dinero!
Baltasar se puso en cuclillas para mirarlo. —Nuestra jefa dice que vayas a buscar a tu propia hija.
Ulises miró a Baltasar con cara de pocos amigos. —¡Ella y mi hija biológica ahora son familia! ¡Buscarla a ella es lo mismo que buscar a mi hija!
Baltasar soltó una risa burlona. —¿Te vas a poner necio?
Ulises, no se sabía con qué confianza, sentía que Baltasar no se atrevería a tocarlo. Mostró sus dientes amarillos y se rio. —¿Cuál necio? Su jefa tiene negocios en todo el mundo, dos millones para ella no son ni un pelo. Necesito dinero urgente, ¿qué tiene de malo que me preste dos millones?
—¿Y por qué no vas con tu hija? ¿Para qué buscas a nuestra jefa? ¿Estás mal de la cabeza? ¡Si sigues molestando llamaré a la policía para que te lleven! —Baltasar ya había perdido la paciencia.
Era obvio que Ulises solo venía a extorsionar.
Al escuchar la palabra «policía», Ulises no mostró el menor miedo.
Había tratado con la policía tantas veces que ya no le asustaba. Además, no había cometido ningún delito ahora, ¿qué podían hacerle si lo agarraban?
—¡Me vale! Si su jefa no me da el dinero, me quedaré aquí tirado para que no puedan hacer negocios.
Al ver esto, Baltasar sacó su celular para marcar al 911, pero se detuvo antes de llamar y le preguntó a Ulises: —¿Quién te dijo que vinieras a buscar a nuestra jefa?
Baltasar pensó un momento y dijo con tono misterioso: —La familia Reyes será pobre, pero por lo que sé, tu hija no lo es para nada.
Baltasar había escuchado bastantes cosas sobre Betina y Almendra por medio de Eva.
Sabía que Betina no quería que nadie supiera su verdadera identidad.
Ulises no tenía noticias de Betina, así que al escuchar a Baltasar, puso cara de duda. —¡Si quieres que me vaya, dame el dinero y deja de decir tonterías para perder el tiempo!
Baltasar buscó de inmediato una foto de Betina en internet y se la mostró a Ulises. —Mira, esta debe ser tu hija biológica. La vi cuando fui a buscar a mi jefa a la casa de los Reyes. Escuché que estudia en la Universidad La Concordia. Ve a pedirle esos dos millones a ella, seguro te los da.
Ulises, furioso, saltó del suelo. —¡Me estás viendo la cara de pendejo! ¡Ella no tiene dinero!
—Si no has ido a preguntarle, ¿cómo sabes que no tiene?

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