Dicho esto, Baltasar se dio la vuelta con una sonrisa significativa y entró al edificio.
Ulises recordó la cara que acababa de ver en la foto. ¡Maldita sea, sí se parecía mucho a esa mujer!
Y por la ropa y el porte, no parecía que le faltara dinero.
Al pensarlo, levantó la vista hacia el rascacielos que se perdía en las nubes y resopló: —¡Voy a buscarla a ver qué pasa! Si no tiene dinero, ¡regreso con ustedes!
Mañana, la Universidad La Concordia, al igual que la Universidad Médica, comenzaría su entrenamiento de campo.
Después de la instrucción de la tarde, Betina invitó a sus compañeras de cuarto a cenar fuera del campus y de paso a comprar artículos personales para el viaje.
Ahora Betina era una celebridad en el campus; durante el entrenamiento militar, había quedado en primer lugar en todas las actividades. Era súper capaz.
Todos decían que la hija del hombre más rico era increíble.
Betina estaba orgullosísima, como si hubiera recuperado a aquella chica que era antes de que Almendra regresara a la familia Reyes.
Mientras no estuviera con Almendra y nadie supiera su verdadera identidad, podría mantener ese orgullo para siempre.
—Betina, el entrenamiento de campo suena muy difícil, tenemos que estar en tu equipo.
—Sí, Betina, dicen que son grupos de cinco para competir, queremos ir contigo.
Betina sonrió. —Claro, hablaremos con el instructor para ver si nos pone en el mismo equipo.
Las cuatro salieron de la universidad riendo y platicando. Justo cuando iban a dar vuelta hacia la calle, un hombre de mediana edad, con el cabello alborotado y un olor rancio a sudor, corrió emocionado hacia Betina gritando «¡Hija!».
Betina y sus amigas retrocedieron asustadas.

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