Finalmente, ambos encontraron la sucursal de la marca de joyería DN. Desde lejos, Betina divisó dos siluetas.
Ambos vestían de forma casual pero extremadamente elegante, con gafas de sol que ocultaban parte de sus rostros. El hombre emanaba un aire distante y noble, mientras que la mujer proyectaba una elegancia fría e imponente. Juntos, eran una imagen que lastimaba la vista.
Betina se detuvo en seco, y su mirada se tornó gélida.
¡Era Almendra, esa maldita!
¡Se había atrevido a traer a Fabián para que le comprara artículos de lujo, y en esas cantidades! ¡Era una despilfarradora! Si el señor Esteban se enterara, ¡seguro que no estaría nada contento!
Mateo notó que la expresión de Betina cambiaba. Aquellas dos figuras también le resultaban familiares. Tras pensarlo un momento, no pudo evitar preguntar:
—Betina, ¿esos no son el señor Ortega y la Maestra de la Melodía?
Hasta el día de hoy, Mateo recordaba claramente cómo Fabián había ayudado a la Maestra de la Melodía a humillar a Betina durante el concurso internacional de piano.
¡Quién iba a imaginar que el gran maestro internacional de piano resultaría ser un hombre de vida privada cuestionable, dedicado a destruir los sentimientos ajenos!
Al escuchar a Mateo, el rostro de Betina se oscureció aún más.
Mateo la miró con profunda devoción y habló con firmeza:
—Betina, no tengas miedo. Mientras yo esté aquí, ¡te aseguro que no volverán a intimidarte!
Fabián estaba preguntando a los vendedores cuáles eran los modelos nuevos y ordenó que envolvieran absolutamente todo.
El gerente del mostrador y los vendedores estaban al borde de la locura por la emoción.
¡Un cliente VIP!
¡Ese era un verdadero pez gordo!
¡Era prácticamente su dios!
Almendra miró a Fabián, quedándose sin palabras ante tal exageración.
—Ya basta. Hoy compramos demasiadas cosas. Si te llevas todo esto, no tendré tiempo de usarlo ni en una vida entera.
Una vendedora se apresuró a intervenir con una sonrisa lisonjera:
—Señorita, el señor la trata tan bien, debería aceptar. El año tiene 365 días, puede cambiar de joyas a diario.
Fabián miró a Almendra y añadió:
—Son 365 días al año, ¿qué son unas cuantas piezas?
Almendra no supo qué responder. Esas eran tácticas de venta, ¿y él se las creía?
¿Acaso tenía más dinero que sentido común?
Hoy ya había gastado cerca de dos mil millones de pesos, ¿no era suficiente?

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada