Leonardo negó con la cabeza:
—Aún no, pero considero que…
—¿Vota por Almendra sin leer a Elvira? ¿Qué clase de criterio es ese? —interrumpió Conrado, molesto.
Gabriel intervino:
—¿Y ustedes no están votando por Elvira sin haber leído a Almendra? ¿Qué clase de criterio es ese?
A Benjamín y Conrado se les subieron los colores al rostro por la vergüenza.
Benjamín carraspeó:
—Profesor Gabriel, votamos por Elvira porque su capacidad es de dominio público. Además, la familia Sandoval investiga la reducción de mortalidad por cáncer. Si lo logran, será un hito.
Gabriel ignoró la justificación como si oyera llover y dijo inexpresivo:
—Yo voto por Almendra.
La cara de los otros dos se oscureció aún más. Empezaron a sospechar si Gabriel había sido sobornado o tenía algún vínculo con la chica. Pero Gabriel era una eminencia en el Instituto de Investigación, no podían ofenderlo abiertamente.
Así que se giraron hacia Amadeo:
—Profesor Amadeo, usted ya vio el trabajo de Elvira. Estará de acuerdo en que el primer puesto le pertenece. Confiamos en que su voto será justo e imparcial.
La insinuación era clara: Leonardo y Gabriel estaban siendo parciales.
Amadeo dudaba.
Leonardo le advirtió:
—Profesor Amadeo, hasta no ver no creer. Lea la respuesta de Almendra antes de decidir.
Gabriel miraba con desdén a Amadeo. Los de la otra universidad defendían a su alumna a capa y espada, mientras que Amadeo parecía querer hundir a la suya.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada