La risa de Benjamín y Conrado le reventaba los tímpanos a Amadeo; sentía como si le estuvieran dando de bofetadas en la cara.
Gabriel soltó una risa sarcástica:
—¿Por qué no usan los ojos que tienen en la cara para ver si es puro cuento o no?
Leonardo insistió:
—Señores, lean primero.
Gabriel miró al pálido Amadeo:
—Profesor Amadeo, hágame el favor de leer la respuesta de Almendra antes de hablar.
Al ver la confianza ciega de Gabriel, a Amadeo le picó la curiosidad. Con el corazón en la garganta, abrió el archivo de Almendra.
La respuesta era extremadamente concisa.
Primera línea, una sola palabra: «Sí».
Segunda línea: «Investigación CAR-T en curso. Proyección a 30 años: reducción del 50%».
¡Amadeo se quedó de una pieza!
¡Se quedó helado!
¿CAR-T?
¿Almendra conocía la terapia CAR-T?
No había que subestimar esas siglas.
—¡Mi voto es para Almendra!
Esa frase dejó a Benjamín y a Conrado en blanco.
¿Qué estaba pasando? ¿Qué clase de brujería tenía esa chica para que todos votaran por ella?
—Profesor Amadeo… —intentaron protestar.
Amadeo sacó el pecho, recuperando el orgullo:
—Profesor Benjamín, profesor Conrado, les ruego que lean la respuesta de Almendra antes de emitir juicio.
Sin más remedio, los dos miraron la pantalla con desdén, pensando que nada superaría a su genio Elvira…
¡Pero la breve respuesta de Almendra les cerró la boca de golpe!

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