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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 968

Al ver a Frida arrodillada junto a Betina, gritando desesperada, Almendra dio un paso al frente.

—Déjenme a mí.

Al ver a Almendra, Frida sintió un alivio inmediato en medio de su caos.

Betina había tragado agua. Almendra procedió a darle primeros auxilios con movimientos precisos. Poco después, Betina escupió un chorro de agua y comenzó a recobrar el conocimiento lentamente.

—Almendra… ¿por qué me salvaste? Ya no quiero ser una carga para ustedes.

Betina estaba debilísima, su voz era un hilo; si no hubieran estado cerca, nadie la habría oído.

Almendra no le contestó. Se levantó y se dirigió a Frida y Simón:

—Está estable por ahora. Si quieren estar más tranquilos, llévenla al hospital para un chequeo.

Al ver que Betina estaba pálida como un muerto y apenas podía hablar, Simón asintió:

—Sí, hay que llevarla al hospital.

Solo dejándola en el hospital estarían tranquilos.

Fabián no tenía interés en seguir viendo el teatro de Betina. Había cosas que Frida y Simón tenían que descubrir por su cuenta.

Después de todo, ellos la criaron. Si él o Almendra decían ahora que Betina hizo todo esto para tapar sus errores, solo generarían más malentendidos innecesarios.

Almendra acompañó a sus padres a llevar a Betina al hospital. Le hicieron varios estudios y todo salió bien; solo entonces se calmaron.

Para cuando regresaron a la residencia Reyes, ya era casi medianoche.

No le dijeron nada a Yago sobre el intento de suicidio para no alterarlo.

Pero el abuelo estaba preocupado por el secuestro de Almendra y los había estado esperando despierto.

Cuál fue su sorpresa al ver entrar a Betina, pálida y débil, sostenida por Frida.

El abuelo se alarmó:

—Betina, ¿qué pasó? ¿Qué tienes?

Betina, con los ojos hinchados, soltó unas lágrimas silenciosas y dijo con voz quebrada:

—Perdón, abuelo, por preocuparte.

Capítulo 968 1

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