Betina apretó las manos con fuerza, con los ojos llorosos, y dijo:
—Entendido, papá, mamá. Aprenderé de mi hermana.
»Pero lo de decir que era adoptada fue porque no tuve opción.
»Ella no quería que se supiera su identidad y se me salió decirlo sin querer. No pensé que mis amigas la juzgarían así. Papá, mamá, le pediré perdón a mi hermana, aunque no sé si ella quiera perdonarme…
Frida le acarició la cabeza.
—Tu hermana sabe lo que hace. Ya es tarde, descansa. Mañana hablamos.
Betina esperaba que Frida y Simón le aseguraran que Almendra la perdonaría.
Así, si mañana se disculpaba y Almendra la rechazaba, Almendra quedaría como la rencorosa.
Pero… sus padres no cayeron en la trampa.
Ella asintió débilmente:
—Papá, mamá, perdón por asustarlos hoy. Vayan a descansar ustedes también.
En cuanto salieron del cuarto, la mirada de víctima de Betina se transformó en una expresión fría y calculadora.
Menos mal que tuvo la astucia de actuar rápido.
Si no, Almendra habría aprovechado para echarla de la familia Reyes.
Pero ahora… sus padres volvían a preocuparse por ella. ¡Almendra no la tendría tan fácil para hundirla!
Afuera de la habitación, Frida y Simón intercambiaron miradas y caminaron hacia el cuarto de Almendra.
No eran tontos; sabían lo que Betina intentaba hacer.
Pero, al final del día, ellos la habían criado. Echarla ahora…
Al final, quien pagaba los platos rotos era su querida Alme.
—¿Alme?
Frida tocó suavemente la puerta.
Almendra, que estaba a punto de meterse a bañar, abrió la puerta.
Al ver las caras incómodas de sus padres, supo de inmediato a qué venían.


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