Gael estaba atónito:
—¿Dónde está ahora?
—No lo sé —dijo Almendra negando con la cabeza.
La última ubicación del celular de Braulio era en un basurero cerca de la escuela.
Almendra accedió de inmediato a las cámaras de seguridad de la escuela para buscar rastros de Braulio.
Según el horario escolar, Braulio debió salir antier alrededor de las cinco de la tarde.
Pronto, Almendra encontró el video de la salida de los estudiantes.
La grabación mostraba que Braulio salió de la escuela y sacó su celular para desbloquear una bicicleta compartida.
Justo en ese momento, dos hombres con cubrebocas y gorras se le acercaron para preguntarle una dirección. Uno de ellos le dio unas palmaditas en el hombro.
Braulio, que siempre estaba alerta, retrocedió un par de pasos para mantener la distancia.
Después de indicarles el camino, Braulio pareció sentirse mal y sacudió la cabeza varias veces.
En cuestión de segundos, perdió el conocimiento.
Los dos hombres lo agarraron, uno de cada lado, y se lo llevaron caminando hacia la orilla de la calle.
El alcance de esa cámara era limitado, así que Almendra cambió a otra toma y vio cómo lo subían a una camioneta tipo van con placas sobrepuestas.
Gael, al ver esto, se quedó helado.
—¿Son secuestradores? ¿A plena luz del día? ¡Qué descaro!
Almendra no estaba segura de si eran tratantes de personas o si alguien iba específicamente por Braulio.
Pero en los últimos años, las tácticas de los secuestradores se habían vuelto muy agresivas y variadas. ¡Uno nunca sabía de dónde venía el golpe!
Braulio cayó porque uno de los tipos le tocó el hombro.
Seguramente ese hombre traía alguna sustancia en la mano y lo drogó con el contacto.
Almendra se sentía terriblemente culpable.
Braulio llevaba desaparecido todo ese tiempo y ella apenas se daba cuenta. No sabía en qué estado estaría.
Mientras seguía investigando el paradero de la camioneta, Fabián la llamó.
—Voy por ti.
Almendra respondió con voz grave:
—Perdón, te voy a tener que cancelar hoy.
Incluso en Valle del Sol Eterno, sus casinos eran muy famosos.
Era un hombre con poder.
Fabián y Almendra fueron de inmediato al club privado que Saulo frecuentaba para buscarlo.
Al entrar al lujoso establecimiento, el gerente los recibió con una sonrisa ensayada.
Martín no le dio tiempo de hablar y dijo fríamente:
—¿Dónde está tu jefe?
El gerente, un tal Tadeo, al escuchar a Martín y ver a Fabián y Almendra, supo que no venían en son de paz.
Además, la cara de Fabián se le hacía conocida, aunque estaba seguro de que nunca había estado ahí.
Su sonrisa se amplió al instante, como una foto retocada donde todo es falsa cordialidad.
—Qué pena, señor, mi jefe se fue de vacaciones a Valle del Sol Eterno, no está en el país. Si tiene algún asunto, dígame y veo si puedo ayudarlo.
Martín mantuvo el semblante duro:
—Llámale. Dile que el señor Fabián Ortega lo busca.

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