En ese momento, un subordinado de Fabián entró a informar que una niña rescatada del crucero insistía en ver a quienes la salvaron.
Fabián preguntó:
—¿Qué edad tiene? ¿No recuerda el teléfono de su familia?
Esta vez, Fabián y Almendra habían salvado a innumerables familias. Hombres, mujeres y niños secuestrados o engañados fueron repatriados con la ayuda de Vicente.
—Unos ocho o nueve años. Dice que quiere ver a sus salvadores antes de irse a casa.
Fabián se sorprendió. ¿Una niña tan pequeña y tan agradecida?
Almendra recordó algo de repente.
—¡Tráiganla rápido!
Pronto, una niña cubierta de suciedad entró en la habitación.
Aunque tenía el pelo revuelto y la cara manchada, Almendra reconoció sus rasgos: era la niña que siempre estaba cerca de Braulio. Aquella por la que Braulio había dado la cara.
—Hermana… ¿tú… tú nos salvaste a todos?
Mónica miraba tímidamente a Almendra, recostada en la cama. La cara de Fabián era demasiado seria y la asustó nada más entrar. Gilberto también tenía una expresión severa por la situación, así que Mónica solo se atrevía a hablarle a Almendra.
Almendra hizo una pausa.
—No fui solo yo. ¿Querías decirnos algo?
Mónica parpadeó con sus grandes ojos, vacilando y retorciéndose las manos.
Almendra no la presionó.
Tras luchar consigo misma, Mónica miró a Almendra y preguntó:
—¿Conocen a Braulio? ¿Es verdad que está muerto?
Al decirlo, los ojos se le llenaron de lágrimas. Había escuchado rumores durante el rescate de anoche sobre mucha gente muerta, y como no encontraba a Braulio por ninguna parte, estaba aterrorizada. Temía no volver a verlo.

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