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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 997

En ese momento, un subordinado de Fabián entró a informar que una niña rescatada del crucero insistía en ver a quienes la salvaron.

Fabián preguntó:

—¿Qué edad tiene? ¿No recuerda el teléfono de su familia?

Esta vez, Fabián y Almendra habían salvado a innumerables familias. Hombres, mujeres y niños secuestrados o engañados fueron repatriados con la ayuda de Vicente.

—Unos ocho o nueve años. Dice que quiere ver a sus salvadores antes de irse a casa.

Fabián se sorprendió. ¿Una niña tan pequeña y tan agradecida?

Almendra recordó algo de repente.

—¡Tráiganla rápido!

Pronto, una niña cubierta de suciedad entró en la habitación.

Aunque tenía el pelo revuelto y la cara manchada, Almendra reconoció sus rasgos: era la niña que siempre estaba cerca de Braulio. Aquella por la que Braulio había dado la cara.

—Hermana… ¿tú… tú nos salvaste a todos?

Mónica miraba tímidamente a Almendra, recostada en la cama. La cara de Fabián era demasiado seria y la asustó nada más entrar. Gilberto también tenía una expresión severa por la situación, así que Mónica solo se atrevía a hablarle a Almendra.

Almendra hizo una pausa.

—No fui solo yo. ¿Querías decirnos algo?

Mónica parpadeó con sus grandes ojos, vacilando y retorciéndose las manos.

Almendra no la presionó.

Tras luchar consigo misma, Mónica miró a Almendra y preguntó:

—¿Conocen a Braulio? ¿Es verdad que está muerto?

Al decirlo, los ojos se le llenaron de lágrimas. Había escuchado rumores durante el rescate de anoche sobre mucha gente muerta, y como no encontraba a Braulio por ninguna parte, estaba aterrorizada. Temía no volver a verlo.

—¿Sabes quién soy?

Como si viera a su salvadora, Mónica corrió hacia la cama y asintió con fuerza.

—¡Sí! Braulio me dijo que tenía una hermana muy bonita y muy fuerte. ¡Almendra, por fin te conozco!

Dicho esto, Mónica se echó a llorar sobre el borde de la cama. Había tenido demasiado miedo.

Almendra extendió la mano y le acarició suavemente el hombro tembloroso.

—Almendra, tengo que darte algo.

Después de llorar un poco, Mónica se secó las lágrimas y sacó un trozo de tela del interior de su ropa.

Al ver la tela familiar y las manchas de sangre, Almendra intuyó qué era.

—Almendra, cuando nos subieron a ese barco grande, Braulio me dio esto. Me dijo que si alguna vez te veía, te lo entregara.

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