Entrar Via

Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 998

Almendra tomó la tela con dedos temblorosos. Por un momento, no tuvo el valor de abrirla.

Fabián se acercó a Mónica y le acarició la cabeza.

—¿Qué más te dijo Braulio?

Mónica pensó un momento y dijo con tristeza:

—Braulio dijo que si se moría, no estuviéramos tristes por él. ¿De verdad se murió?

Fabián suspiró profundamente.

—Él… solo se fue a un lugar muy lejano.

—Entonces… ¿podré volver a verlo?

Fabián guardó silencio. No quería mentirle a una niña, pero decirle de golpe que Braulio estaba muerto podía ser demasiado cruel.

Pensó un momento, se inclinó y miró a Mónica, que esperaba una respuesta.

—Quizás esta noche, cuando duermas, puedas verlo en tus sueños.

Mónica parecía dudar de la veracidad de aquellas palabras, así que Fabián añadió:

—¿Ya contactaste a tus padres?

Mónica asintió.

—Sí, ya hablé con ellos.

Los padres de Mónica jamás imaginaron que su hija, a la que buscaban desesperadamente, llamaría para decir que estaba a salvo. Todo parecía un sueño; temían despertar y descubrir que no era real.

—Entonces vete a casa rápido, deben estar muy preocupados.

—Sí.

Mónica miró indecisa a Almendra, cuyos ojos estaban inyectados en sangre. Notó que estaba triste, pero aun así preguntó en voz baja:

—Almendra, ¿nos volveremos a ver?

Realmente quería a su Braulio. Y por eso, también quería a la hermana de Braulio.

Almendra forzó una sonrisa y asintió.

—Sí, nos veremos.

Así que… él ya sabía que no sobreviviría cuando lo subieron al barco.

¡Si tan solo hubiera descubierto su desaparición un día antes! ¡O medio día!

Si después de la ceremonia del Día de la Independencia no la hubieran seguido los hombres de Silvia, si no hubiera pasado todo eso… ¿Habría llegado a La Casa en las Nubes a tiempo para notar que Braulio no estaba?

Pero en este mundo no existen los «hubiera».

Fabián se acercó y la abrazó en silencio. Su voz era ronca:

—Si quieres llorar, llora.

Almendra se limpió una lágrima de la comisura del ojo con un gesto brusco. Su voz era gélida:

—Esta misma noche nos vamos al Valle del Sol Eterno.

***

La noche cayó, y el Valle del Sol Eterno cambió su ritmo relajado por el de una metrópolis vibrante de luces de neón y excesos.

Los hoteles de cinco estrellas se perfilaban con luces, pareciendo palacios de cristal de ensueño. Las fachadas modernas resplandecían, atrayendo las miradas de los transeúntes.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada