Aldana, sonrojada, ladeó la cabeza para mirar al hombre a su lado.
El 'Mandilón' también la miraba de reojo, con una ligera sonrisa en sus finos labios.
¡¿Y encima sonreía con orgullo?!
Así es.
¡Ser un Mandilón lo llenaba de orgullo!
"Tenemos que ir al laboratorio, no nos quedaremos a cenar".
Cuando terminaron de charlar, Rogelio se puso de pie sosteniendo la mano de Aldana.
"Esperen".
Brunilda corrió hacia la cocina y sacó un elegante recipiente de comida: "Aldi, prueba la sazón de tu suegra".
"¿Su sazón?"
Rogelio jaló a la chica un par de pasos hacia atrás, con una expresión de claro rechazo en su apuesto rostro.
"¿Qué pasa?"
La sonrisa de Brunilda desapareció y explicó ofendida: "He estado perfeccionando mi cocina, el sabor es muy bueno".
"A ver, yo lo pruebo primero".
Rogelio sonrió y extendió la mano para tomar el recipiente.
Ya había sido 'envenenado' por la cocina de Brunilda antes, y lo recordaba muy bien.
No quería que su Aldi sufriera ese castigo.
"Gracias, Sra. Brunilda".
Aldana se adelantó para tomar el recipiente y agradeció con una sonrisa: "Me lo comeré todo".
"Qué linda".
Brunilda le dio unas palmaditas en la mano a Aldana con alegría, sonriendo con profundo cariño: "Si te gusta, te prepararé comida más seguido".
—
En el auto.
Aldana abrió el recipiente y vio que en la capa superior había bolitas de arroz con forma de panda.
Debajo había varios guisos de verduras salteadas.
La presentación no era espectacular, pero se notaba que había puesto mucho esfuerzo.
Aldana tomó sus cubiertos y justo cuando estaba a punto de comer, Rogelio la detuvo: "Deja que lo pruebe por ti primero, la cocina de Brunilda es..."
Aldana no le hizo caso, se llevó un trozo de carne a la boca y masticó un par de veces.
Curvó los labios en una sonrisa.
Luego tomó otra porción con sus cubiertos y se la dio a Rogelio en la boca.
"Aquí".
Félix se apartó y dio una explicación concisa: "Faltan demasiados componentes, es imposible sintetizar el Antídoto".
"Déjame intentar".
Aldana se puso las gafas y los guantes, y se sumergió de lleno en el laboratorio.
Cuando terminó de trabajar y miró la hora.
Habían pasado casi diez horas.
Demonios.
Se había olvidado de que su 'Mandilón' seguía afuera.
Aldana se quitó los guantes y caminó rápido hacia la salida, viendo a través de la puerta de cristal al hombre sentado en el sofá.
Estaba recargado en el respaldo, con los ojos ligeramente cerrados, abrazando el abrigo que ella le había dado.
¿Acaso la había estado esperando ahí durante diez horas?
Qué tonto.
La puerta se abrió y el sonido despertó al hombre que dormitaba.
"¿Terminaste?"
Rogelio se levantó de inmediato, caminó a zancadas hacia Aldana y le preguntó con preocupación: "¿Estás cansada? ¿Tienes hambre?".

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