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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1329

Al terminar la frase, Sombra se puso de puntillas y dejó un pequeño beso en la comisura de sus labios.

—Vete ya, o perderás tu vuelo.

El ascensor comenzó a descender.

Sombra se quedó donde estaba, con la vista fija en el anillo, incapaz de borrar la sonrisa de su rostro.

Hasta que una voz sonó a sus espaldas:

—Jefa, ¿así que no volvió a casa anoche?

El gerente del hotel se acercó y su mirada se posó en el anillo. Sus ojos se abrieron como platos:

—¿Ese es un anillo de compromiso? ¿Desde cuándo avanzan tan rápido ustedes dos?

—¿Y a ti qué te importa?

Sombra escondió la mano a sus espaldas y, cambiando su expresión por una de advertencia seria, le espetó:

—No vayas por ahí diciendo tonterías a nadie.

—¡Ay, yo nunca me atrevería a hacer eso! —El gerente rio nerviosamente—. Pero debo admitir que tienes excelente gusto. Ese Leonardo es todo un bombón.

—Por supuesto.

Sombra sonrió con arrogancia.

—No me conformaría con cualquier adefesio.

—Pero, ¿de verdad creen que puedan casarse? —preguntó el gerente con un tono de sincera preocupación.

Después de todo, las identidades de ambos eran bastante complicadas.

Sombra se quedó en silencio.

Antes de conocer a Leonardo, jamás había contemplado la posibilidad del matrimonio.

Pero después de lo que había sucedido la noche anterior, y al mirar ese anillo...

De pronto pensó que casarse y estar junto a él, tal vez, no sonaba tan mal.

Cuando tomas una decisión, simplemente la tomas y ya.

—Supongo que sí —respondió Sombra, mirándolo con una leve sonrisa—. Es solo cuestión de tiempo.

***

Palacio Presidencial.

Apenas llegó a casa, Sombra recibió una llamada de Aldana.

—Lo que me pediste, ya te lo envié al correo.

Aldana estaba sentada en el sofá, comiendo algo de fruta con calma. Su mirada estaba fija en el hombre a poca distancia, que le estaba adelantando el trabajo. Se sentía de muy buen humor.

El semblante del hombre mejoró notablemente y retomó la tarea con más energía.

—Por cierto, ¿has estado en contacto con mi hermano mayor? —Aldana cambió de tema repentinamente—. Últimamente, cuando hablo con él, solo dice que está muy ocupado, pero no menciona nada sobre ti.

—¿Ah?

Sombra acarició nerviosamente el anillo de compromiso y tartamudeó:

—Bueno... lo mío con él, es un poco difícil de explicar por teléfono.

Con eso lograba no mentirle a Alda y al mismo tiempo dejarse una vía de escape.

Si lo pensaba bien, la idea de que en el futuro Alda la llamara «cuñada» generaba cierta anticipación en Sombra.

—De acuerdo, sus asuntos no son de mi incumbencia. —Aldana chasqueó la lengua y añadió como advertencia—: Pero conociendo a mi hermano mayor, no parece el tipo de persona que se rinde fácilmente. Ten cuidado.

—Oh.

Sombra se miró en el espejo, las marcas de mordidas en su pecho la dejaron estupefacta. Eran un recordatorio alarmante.

—Y tú —Aldana hizo una pausa antes de cambiar de tono—: Si realmente quieres marcar un límite con mi hermano mayor, controla tus ojos. Ese rostro suyo es letal, y temo que no puedas contenerte.

Sombra no supo qué decir mientras se mordía el labio.

Realmente era incapaz de controlar sus ojos.

Ella, una joven que seguía las normas y nunca le había hecho daño a nadie, ¿qué tenía de malo apreciar un poco de belleza visual?

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