—Dame los documentos del proyecto. Si me parece viable, te inyectaré capital.
Dijo Sombra.
—¿De verdad?
La sonrisa en el rostro de Damián se congeló. Miró a Sombra con incredulidad, evaluando qué tan ciertas eran sus palabras.
Había solicitado ese proyecto muchas veces, y siempre se lo habían rechazado.
También había buscado inversión privada.
Pero en cuanto los empresarios oían su nombre, ni siquiera se molestaban en responderle.
Asociarse con Damián significaba tener márgenes de ganancia sumamente bajos.
¿Qué capitalista querría meterse en un negocio donde se trabajaba mucho y se ganaba poco?
¿Acaso el joven Carrasco tenía tanto dinero?
¡Eran casi cien millones!
—¿Tú qué crees? —Sombra dejó el bolígrafo, miró seriamente al aturdido Damián y abrió sus labios rojos—: Este dinero, solo yo te lo puedo dar.
Damián se quedó sin saber qué decir.
Le creyó un poco, pero con dudas en su corazón, preguntó:
—¿Pero por qué quieres ayudarme? Yo no puedo darte ningún beneficio.
En el ámbito laboral, él no tenía ni voz ni voto.
Infinidad de veces había creído que lo iban a despedir.
—Porque eres una buena persona. —Sombra levantó una ceja y sonrió ligeramente—. Me gusta tratar con buenas personas.
¿Buena persona?
Damián se quedó impactado por el término, y su expresión se paralizó por un instante.
Había hecho tantas cosas buenas, y sin embargo, los que lo rodeaban pensaban que «buscaba problemas gratis».
Lo llamaban loco.
Nunca nadie le había dicho que era una «buena persona».
Y mucho menos esperaba escuchar eso de la boca del famoso playboy que nunca trabajaba.
—¿Por tu cara deduzco que no quieres darme los documentos?
Sombra se recargó en su silla y su sonrisa fue desapareciendo.
—Está bien, puedes irte.
—No, no, no.
Damián negó rápidamente con la cabeza y respondió apurado:
—Espere un momento, iré a traerle los documentos ahora mismo.
En menos de cinco minutos.
Damián, con los documentos en mano, apareció jadeando en la oficina de Sombra.
—Joven Carrasco, ¿necesita que se lo explique?
—No hace falta. —Sombra tomó los papeles y le hizo un gesto con la mano—. Regresa y espera noticias.
—De acuerdo.
Damián salió de la oficina, se frotó el cabello y sintió que la cabeza le daba vueltas.
***
Sombra terminó de leer el plan del proyecto.
—¿Qué te parece si me arrodillo y suplico a través de la línea para agradecerte?
—No seas exagerada.
—¿No vas a preguntarme para qué es el dinero? —Sombra fue al grano y preguntó con curiosidad—: Alda, ¿no confías demasiado en mí?
—Úsalo en lo que quieras. —Aldana respondió con indiferencia—. Cuando te lo gastes todo, me avisas.
—¡¡¡Alda!!!
Sombra estaba tan conmovida que casi se echaba a llorar, con los ojos ligeramente llorosos.
—No sé cómo pagarte. Siendo así, he decidido ser tu familiar más cercano.
¡Cuñada!
¡Una cuñada es más cercana que una hermana adoptiva!
—Ya basta. —Aldana sonrió levemente y de repente cambió el tono—. Rogelio ya sabe que te estoy dando dinero.
—¿Ah?
El corazón de Sombra dio un vuelco y preguntó con cautela:
—¿El viejo zorro no se opondrá, verdad?
—¡Para nada!
Rogelio tomó el teléfono y soltó una risa fría.
—¿Es suficiente? ¡Si te falta, yo tengo otro poco!
—¿Otro poco?
Los ojos de Sombra se abrieron de par en par, contuvo su impulso y sonrió.
—El Sr. Rogelio no estará bromeando, ¿verdad?

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