En fin.
Ya había conseguido el terreno que quería, así que daba igual cómo se hubiera enterado el Mandatario.
Pensando en eso.
Lourdes cayó rendida por el cansancio.
***
A la mañana siguiente.
Lourdes llegó muy temprano a la oficina, y estuvo de un humor excelente durante todo el día.
—Buenos días, señorita Yáñez. —Don Eu, que la esperaba en su oficina, sonrió al ver la alegría en su rostro.
—¿Terminaste de arreglar los asuntos de tu familia? —preguntó ella levantando la vista.
—Todo resuelto —respondió Don Eu con respeto—. Señorita Yáñez, ¿se le ofrece algo más?
—En la tarde tengo que ir al hospital, ¿tienes tiempo? Necesito que manejes por mí.
Lourdes arreglaba unos documentos mientras hablaba en voz baja.
Antes, como tenía que ocultarle su embarazo a todo el mundo, manejaba sola a sus controles prenatales y acababa agotada.
Ya que Don Eu estaba al tanto, bien podía pedirle que la acompañara.
—¡Por supuesto que sí!
Don Eu respondió con efusividad y de inmediato dejó lo que estaba haciendo:
—¡Deme un momento, señorita Yáñez! ¡Voy a preparar el auto ahora mismo!
Era la primera vez que acompañaría a su Lourdi a un chequeo. Era un momento de suma importancia.
Antes de que Lourdes pudiera decir otra palabra, Don Eu ya había salido disparado.
Lourdes sonrió con resignación. ¿A qué venía tanta emoción? Parecía que el bebé fuera suyo.
El auto estaba listo.
Lourdes tomó su bolso y se sentó en el asiento del copiloto. A mitad de camino, no olvidó encargarle:
—Por favor, ayúdame a supervisar de cerca lo del orfanato.
—Déjelo en mis manos, señorita Yáñez. —A través del espejo retrovisor, Don Eu le echó una mirada a su vientre redondo, con ojos llenos de ternura—. Tampoco tiene que preocuparse por el casino. Ahora lo más importante es que cuide su salud.
—Gracias, Don Eu. —Lourdes esbozó una sonrisa, pero sus ojos perdieron un poco de brillo.
—Faltan pocos días para que regrese el joven Darío.
Don Eu apretó los labios y comentó con cuidado:
—Han estado separados tres meses, ¿aún no lo ha pensado bien?
—¿Pensar bien qué? —Lourdes frunció el ceño.

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