—La verdad, está bastante bien.
Félix levantó un poco la vista, fijó sus ojos en el rostro de Casiana y curvó los labios en una sonrisa seductora:
—El pastel de fresa es exquisito. La próxima vez pediremos el mismo.
El sabor a lichi era, a su parecer, asqueroso y nauseabundo.
—Ah.
Sin estar segura de si él estaba montando un teatro de marido perfecto frente a extraños, Casiana decidió seguirle el juego.
Ante esta escena, el rostro de Gustavo Galván se ensombreció un poco. Se puso de pie.
—Voy al baño.
—De acuerdo —respondió Casiana mirándolo con una sonrisa amable.
Félix, observando a Casiana, casi rechina los dientes de furia.
¿Por qué diablos le sonreía a él?
¡Parecía una oveja ingenua y complaciente!
—Yo también voy —dijo Félix, poniéndose de pie de inmediato.
Antes de marcharse, se quitó el abrigo y se lo colocó sobre los hombros a Casiana.
—El aire acondicionado está muy fuerte, no vayas a resfriarte.
—Gracias.
Casiana acarició el abrigo, su corazón latiendo a mil por hora.
Tenía que admitir que Félix era todo un caballero.
Aunque al principio había quedado humillada por aquella "trampa", después de casarse, Félix siempre se había portado bien con ella, tanto en privado como en público.
Sí.
Aparte del hecho de no amarla, todo en él era perfecto.
Si tan solo él hubiera sido un poco peor con ella...
El momento del divorcio no dolería tanto.
Un momento.
El divorcio no era lo que debía preocuparle ahora mismo.
Casiana volteó hacia la dirección en la que ambos hombres habían desaparecido, con el ceño fruncido.
¿Acaso Félix y Gustavo Galván iban a empezar una pelea?
¿Existiría algún rencor profundo entre ellos del que ella no tuviera idea?
***
El baño.
Félix y Gustavo salieron de sus respectivos cubículos al mismo tiempo y caminaron en sincronía hacia los lavabos.
El sonido del agua corriendo llenó el silencio, mientras ambos rostros atractivos se reflejaban en el espejo cristalino.

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