Lourdes Yáñez.
Cuando sentía que no podía soportarlo más, conoció a Lourdes.
Ella fue como un rayo de luz que iluminó de golpe su oscuro mundo.
Menos mal que la tenía.
De lo contrario, no sabría cómo soportar el resto de su aburrida vida.
***
A la una de la madrugada.
Darío terminó de resolver los asuntos urgentes de Bravaria.
Por miedo a despertar a Lourdes, prefirió dormir en el sofá.
A las cinco de la mañana.
Se levantó y bajó a las cocinas del hotel para prepararle el desayuno con sus propias manos.
Una reconfortante sopa, huevos perfectos, pan tostado y una taza caliente de té de panela.
Al terminar con el desayuno.
Darío se apresuró a dejar lista la ropa que ella usaría ese día.
Un vestido largo de seda verde, combinado con zapatos negros de tacón bajo y suela roja.
Para cubrirse, un abrigo largo de lana color camello.
—Esto no es desayuno de hotel, ¿verdad?
Lourdes probó una cucharada de la sopa y, apoyando la barbilla en su mano, miró con pereza al hombre que planchaba su vestido.
—¿A qué hora te levantaste para preparar esto?
Desde el primer bocado supo que el sabor era muy familiar.
Esa sopa no se preparaba en menos de tres horas.
—No lo es —respondió Darío con calma, sin dejar de planchar su vestido—. Me desperté temprano, no podía dormir, así que lo hice yo mismo.
—Tsk.
Lourdes soltó un ligero bufido y murmuró con la boca medio llena:
—No voy a pagarte horas extras por esto.
—No te preocupes, ya cobré mis horas extras por adelantado.
Darío giró la cabeza y miró a Lourdes con una expresión cargada de doble sentido.
—Cof, cof, cof...
Lourdes entendió la indirecta al instante, y al recordar la noche de desenfreno que habían pasado, casi se atraganta con la comida.
—¿Estás bien?
Darío se acercó rápidamente y comenzó a limpiarle la boca con una servilleta.
—¿En qué estabas pensando, Señorita? ¡Tienes la cara roja!
¡Pum!
Lourdes frunció el ceño, levantó el pie y se lo pisó con todas sus fuerzas.
Aunque usó toda su energía, para Darío fue como si no hubiera sentido nada.
—Lo siento, hablé de más otra vez —dijo Darío mientras le servía un huevo—. El auto ya está listo, podemos ir a la tienda de novias cuando quieras.

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