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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1520

—Además, ¿quién te dijo a ti que a él no le gusta Casiana?

Fabiola alzó la mirada y habló con voz gélida:

—Él ama a tu hermana a más no poder.

—¿Qué?

Leticia palideció ligeramente. ¿Su cuñado amaba a Casiana? ¡Imposible!

Si la amara, ¿cómo la iba a dejar dormir sola en una cama vacía durante tres años?

Esa era una historia que los demás ignoraban, ¡pero ella la conocía perfectamente!

—Seguro que te equivocas. —Leticia alzó la barbilla, creyéndose con la razón, y esbozó una leve sonrisa—: Al que mi cuñado ama es a ti. Si él también te gusta, ¿por qué no peleas por él?

—Su matrimonio es solo producto de un arreglo por puro interés. Acabar con eso sería lo mejor para ambos.

—Vaya, qué considerada eres con ellos. —Fabiola se acercó un par de pasos, hablando con tono sarcástico—: Y toda esa bondad es porque en el fondo a ti también te gusta Félix y quieres usarme para separarlos y así poder quedártelo tú, ¿verdad?

De lo contrario...

Una cuñada arruinando el matrimonio de su hermana mayor para quedarse con el esposo, sonaba demasiado feo.

—¡Qué estupideces estás diciendo! ¡Yo no he hecho nada de eso! —negó Leticia rápidamente, llena de culpabilidad.

—En el fondo tú y yo sabemos la verdad.

Fabiola soltó un bufido despectivo y, de repente, agitó la mano hacia alguien no muy lejos de allí, gritando a todo pulmón:

—¡Casiana, ven rápido! ¡Tu hermanita te quiere robar el marido!

Leticia levantó la mirada y vio a Casiana, vestida con un sencillo pero elegante vestido de un solo color, mirándolas con expresión sombría.

—Doctora Fabiola.

Casiana se acercó y le ofreció a Fabiola una sonrisa amable.

—Tu hermanita heredó las mañas de su madre, ¡hay que tener cuidado! —continuó Fabiola con sarcasmo—: Te aconsejo que amarres bien a Félix, no vaya a ser que se lo coma alguna loba suelta por ahí.

—Lo tendré en cuenta. Gracias por avisarme —asintió Casiana.

Al verlas llevarse tan bien, Leticia estaba totalmente desconcertada.

¿Acaso Casiana no sabía que la mujer que tenía enfrente era el gran amor de su esposo?

—¿Sabes que al que ama tu esposo es a Fabiola? —gritó Leticia, fuera de sus casillas.

—Mi esposa y yo llevamos quince años amándonos locamente.

—¿Qué? —Leticia levantó la voz, pensando que había escuchado mal.

—Así es, llevamos quince años amándonos el uno al otro —recalcó Félix—: ¿Quedó claro? ¿O quieres que publique un anuncio en el periódico o lo mande poner en las noticias en titulares enormes?

—¿Aún corren el rumor de que Félix me ama?

Fabiola resopló con frialdad.

—No sé qué imbécil sin cerebro inventó eso, ¡y lo peor es que hay gente igual de tonta que se lo cree!

Leticia se quedó paralizada en su lugar, paseando la mirada de uno a otro.

La mujer de la que Félix estaba enamorado no era Fabiola, sino Casiana.

¡Y desde hacía quince años!

¿Eso significaba que estaba enamorado de ella desde que Casiana estaba en secundaria?

—Imposible. —Leticia sacudió la cabeza con fuerza, negándose por completo a aceptar la realidad—: Si tanto se amaban, ¿por qué su relación era tan fría cuando se casaron?

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