—¿Qué más quieres? —Hernán lanzó una mirada de asco a Darío—. Es solo un perro callejero, ¿acaso quieres que pague con vidas humanas por él?
—Je.
La mirada de Lourdes se oscureció. Arqueó sus labios rojos y su voz sonó profunda y rasposa:
—Incluso si es un perro, es mi perro. ¿Quiénes se creen los demás para tocar a mi hombre?
Al escuchar esto, Darío movió los ojos ligeramente.
En su rostro endurecido asomó el más mínimo rastro de una sonrisa.
Sí.
Él era suyo, única y exclusivamente de ella.
—Tráiganlo.
Con una sola orden de Lourdes, el hombre de la cicatriz fue arrastrado a la sala junto con sus patéticos secuaces.
Habían intentado escapar, pero los guardias del casino los agarraron a golpes.
Todos tenían múltiples fracturas y la cara destrozada.
—¡Jefe!
El hombre de la cicatriz levantó la vista hacia Hernán, temblando de miedo, y rápidamente agachó la cabeza.
Hernán apartó la mirada con frialdad. Ver a esos inútiles solo le provocaba más asco.
—¿Qué necesita la señorita Yáñez para estar en paz?
—Darío.
Lourdes sonrió suavemente, volteó hacia el hombre a su lado y dijo con total tranquilidad:
—Arruínale la mano izquierda.
¿La mano izquierda?
El hombre de la cicatriz casi se orina del terror. Miró a su jefe suplicando piedad:
—¡Jefe, lo del corte en la cabeza fue un accidente!
—Oh.
Lourdes se acomodó en su silla, mirando al tipo con ojos lánguidos y crueles.
—Entonces dejemos que Darío le haga un agujero «accidental» a tu mano izquierda también.
El hombre de la cicatriz se quedó atónito. ¡¿De verdad estaba hablando en serio?!
—Señor Mendoza, no tengo tiempo para seguir jugando con usted.
Lourdes se levantó y se arregló su larga cabellera con indiferencia.
—Si usted no es capaz de controlar a sus perros sarnosos, tendré que salir y charlar con los clientes del casino.
Hernán apretó los dientes, forzando una sonrisa espantosa:
—Es solo una mano. Adelante, señorita Yáñez.
—¡Jefe! —chilló el hombre de la cicatriz, aterrorizado.
Pero Hernán ni se inmutó y dio la orden a sus propios guardias:
—Sujétenle la mano izquierda.

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