—¡Aldana, víbora malagradecida! Si no te hubiéramos recogido, a saber en qué agujero te habrías muerto.
—Aldana, mmm...
Justino seguía soltando insultos, pero Iván le tapó la boca y aceleró el paso para sacarlo de ahí.
Al ver cómo Justino era echado a patadas y en desgracia, los directivos intercambiaron miradas de estupor.
No tenían idea de cuáles serían los próximos pasos de la nueva presidenta.
—De momento, pondré a un equipo interino a cargo de la empresa —Aldana barrió con la mirada a los presentes, hablando con total serenidad—. El Submundo del Continente del Sur también inyectará tres mil millones de pesos para estabilizar al corporativo y restablecer contactos con los socios.
—¿El Submundo?
Los directores casi se caen de la silla. ¡Esa organización estaba a la par del mismísimo Grupo Lucero!
Tres mil millones.
En toda su vida no habían escuchado hablar de una cantidad tan colosal de dinero.
—Además, recontratarán a todos los empleados de confianza que Justino despidió. En cuanto a ustedes, señores de la junta, sus acciones aumentarán y sus salarios se duplicarán.
—El Grupo Mendes fue la obra maestra de mi abuelo. Soy joven y seguramente hay muchas cosas de este negocio que no domino tan bien como ustedes. Confío en ustedes para sacar adelante a la empresa.
—¡Cuente con nosotros, Presidenta!
Los directores se miraron y, al unísono, se pusieron de pie. En sus ojos brillaba una determinación feroz.
—¡Daremos la vida y la sangre por la compañía si es necesario!
Más acciones y sueldo al doble...
¡Escuchen bien!
Eso sí era actuar como un líder de verdad, infinitamente mejor que ese explotador de Justino.
—No hace falta que den la vida —Aldana esbozó una leve sonrisa—. Mande a alguien a poner un letrero en la entrada que diga: «Prohibida la entrada a perros y a los Mendes».
Los directivos se quedaron sin palabras.
***
Con el asunto cerrado, Aldana y Rogelio salieron del edificio y subieron al auto.
—¿A dónde vamos, jefe? —preguntó Iván.
—¿A la mansión principal? —Rogelio tomó la mano de Aldana, con una sonrisa en los labios—. Doña Brunilda te preparó algo delicioso.
—A la residencia de los Mendes.
Aldana lo pensó un momento y su expresión se tornó seria.
—Hoy voy a dejar todos estos asuntos resueltos de una vez por todas.
En esa casa no solo vivía Justino.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector