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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1574

—Sin embargo... —continuó Wilfredo, haciendo una pausa deliberada—, todavía no me he declarado, así que no sé si ella me aceptará.

Luego, se giró lentamente y clavó su mirada directamente en el rostro de Inés.

«¿?»

Inés sintió que sus pupilas temblaban. Sus ojos brillaron de pánico y confusión, atrapados en la mirada profunda y cargada de cariño del hombre.

¿Por qué la miraba a ella mientras decía eso?

—La persona que me gusta es Inés Palma —dijo Wilfredo en voz baja, sin apartar la mirada de sus mejillas sonrosadas—. Yo no estoy casado y ella está soltera. Si intento conquistarla, ¿hay algún problema?

—¿Eh?

La multitud quedó atónita, procesando lentamente el significado de sus palabras.

—Llevo mucho tiempo enamorado de Inés, y justo planeaba declararme —añadió Wilfredo—. ¿Cuál infidelidad? Apenas estoy tratando de que me dé una oportunidad.

—¡¿Qué?!

La cafetería entera estalló en gritos de emoción.

¿Cómo era posible que este chisme de repente se hubiera convertido en una novela romántica en vivo? ¿Amor no correspondido que se vuelve realidad?

Pero esperen, ¿ellos, como público, eran solo un escenario de fondo para este romance épico? ¡La vida de los solteros también importa!

...

Inés se quedó congelada. Su mente estaba en blanco.

¿Qué significaba que llevaba mucho tiempo enamorado de ella?

Antes, cuando ella le había preguntado si tenía novia, él le respondió: «Sí, pero aún estoy intentando conquistarla».

Entonces, ¿era a ella a quien estaba tratando de conquistar?

El corazón y la cabeza de Inés eran un torbellino. No sabía si lo había dicho solo para salvarla de la humillación o si realmente le gustaba.

Mientras estaba perdida en sus pensamientos, la voz de la policía interrumpió el alboroto.

—¿Quién llamó a emergencias?

—Yo —respondió Wilfredo, acercándose a los oficiales para explicarles la situación con calma.

—Muy bien, ustedes cuatro tendrán que acompañarnos a la comisaría para rendir su declaración —ordenó el oficial con firmeza—. Los demás, despejen el área.

¡Plaf!

Vanesa no aguantó más y le cruzó la cara a Kilian con una bofetada. Las lágrimas de rabia le corrían por las mejillas.

—¡Te di de comer, te compré ropa, gasté mi dinero en ti, ¿y tienes el descaro de engañarme?! ¡Eres un maldito infeliz, Kilian!

Vanesa admitió su culpa sin dudarlo.

—Yo empujé a esa chica. Si tengo que pagar los gastos médicos o pedir disculpas públicas, lo haré.

Pero luego señaló a su ex con desprecio:

—Mi única exigencia es que este infeliz pague por lo que hizo.

—¡A quién llamas infeliz! —gritó Kilian. Tenía las fosas nasales tapadas con papel y su camiseta estaba manchada de sangre. Estaba a punto de abalanzarse sobre ella.

—¿Qué se creen, que esto es un mercado?

El oficial golpeó la mesa, harto de los gritos.

—¡Silencio los dos! ¡Siéntense!

...

Vanesa se sentó cruzada de brazos, intercambiando miradas cargadas de odio con Kilian.

—Aquí están todas las pruebas —dijo Wilfredo, entregando los documentos que demostraban la difamación contra Inés—. A partir de este momento, mi abogado se encargará de cooperar plenamente con ustedes.

—Entendido —respondió el oficial.

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